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Florecer en Cenizas romance Capítulo 548

Santiago Robles soltó una carcajada incrédula, una risa que sonó más a locura que a alegría. La revelación había inflado su ego, cegándolo momentáneamente al peligro real.

—¡El gran Agustín Lucero! —se burló Santiago, ajustando el agarre sobre el cuello de Fabiola, pero relajando levemente la presión del arma sobre su sien—. ¿El hombre de hierro rindiéndose por una mujer? Eres patético. Deberías haberte quedado muerto. Hubiera sido más fácil para todos.

—Tal vez —dijo Agustín, manteniendo la mirada fija en él, sus músculos en tensión, listos para saltar—. Pero entonces no tendría el placer de verte caer.

—El único que va a caer eres tú —escupió Santiago, distraído por su propio triunfo, saboreando el momento de poder sobre su enemigo mortal—. Voy a matarte primero, para que ella vea cómo...

Fue un error de novato. Un segundo de distracción.

Fabiola no esperó a que la salvaran. Sintió que el brazo de Santiago se aflojaba milimétricamente cerca de su boca. Con toda la furia acumulada, con todo el miedo transformado en instinto de supervivencia, giró la cabeza y clavó los dientes en la mano carnosa de Santiago. Mordió con todas sus fuerzas, sintiendo el sabor salado de la piel y la sangre, decidida a arrancarle un pedazo si era necesario.

—¡Ahhh! ¡Maldita perra! —gritó Santiago de dolor.

Por puro reflejo, Santiago soltó a Fabiola y retrocedió un paso, sacudiendo la mano herida. El arma se desvió hacia el techo.

Ese segundo fue todo lo que Agustín necesitó.

No corrió hacia el rifle tirado. En su lugar, se dejó caer sobre una rodilla y, con un movimiento rapidísimo, sacó una pistola compacta que llevaba oculta en una funda en el tobillo.

¡Bang!

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