Martina se quedó tan atónita que por un buen rato no pudo pronunciar palabra alguna. ¿Esposa?
¿Acaso Agustín había perdido la cabeza? ¿Cómo era posible que quisiera casarse con una huérfana?
Paulina también se quedó pasmada, pero como ella ya había escuchado el chisme de Vanessa, no le sorprendió tanto.
—No tengo objeciones, sólo que… siento que ella no está a tu nivel —murmuró Paulina, bajando la voz—. Además, nuestras familias tienen un compromiso, aunque…
A mitad de la frase, Paulina se detuvo. Ni siquiera podía terminar la idea. Ese compromiso ni siquiera era suyo.
—Mi esposa es una mujer excepcional —dijo Agustín, mirando directamente a Fabiola.
Cuando Agustín usó la palabra “excepcional” para describir a Fabiola, lo hizo con absoluta sinceridad.
Los resultados de Fabiola en el examen de ingreso a la universidad y su talento para el diseño le habían sorprendido gratamente.
Las mujeres capaces de impresionar a Agustín desde el fondo de su corazón no eran muchas.
Durante los cuatro años que estuvo con Sebastián, él solo veía en Fabiola a una chica dócil, de apariencia atractiva y figura esbelta; jamás se detuvo a descubrir lo que la hacía especial.
Pero Fabiola había sido la número uno de su generación, la mejor del pequeño pueblo donde estaba el orfanato. Su excelencia era genuina, nada de fachada.
Fabiola miró a Agustín, completamente desconcertada.
Así era sentirse reconocida. Una calidez inexplicable le llenó el pecho, y hasta sintió que podía sacar el cuello con más orgullo.
—Señor Agustín… —Martina intentó protestar, con la voz cargada de frustración, pero Paulina le sujetó la muñeca y la interrumpió.
Quizás Martina no conocía bien a Agustín, pero Paulina sí. Sabía que meterse con él era buscarse problemas.
Agustín apenas le lanzó una mirada cortante a Martina y, tomando la mano de Fabiola, se la llevó.
...
—¿Cómo pudo Agustín fijarse en Fabiola? No… ¿Cómo puede siquiera pensar en casarse con ella? —Martina ya estaba empezando a perder los estribos. No lograba aceptar que una huérfana, una chica a la que siempre había visto de menos, de repente pudiera estar a su mismo nivel.
Pero si Karla volvía, ellos perderían hasta el último peso y acción.
Paulina esbozó una media sonrisa.
—Tranquila. La verdadera Karla jamás va a aparecer. Pero si algún día la necesitamos… podemos encontrar una Karla que juegue a nuestro favor.
Martina por fin respiró aliviada.
Mientras Paulina mantuviera su puesto como la gran heredera de los Barrera, ella también podría seguirse beneficiando.
...
—Todo lo que te guste, te lo puedes llevar.
En la tienda de lujo, Agustín estaba sentado en la zona VIP, observando cómo el encargado mostraba las novedades de la temporada. Dejó que Fabiola eligiera lo que quisiera.

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