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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 102

Para su sorpresa, realmente existía.

Cherry había estado esperando noticias suyas.

Su respuesta fue bastante neutral.

Después de tantas decepciones, Cherry solo podía intentar sacar oro del lodo en cada oportunidad.

—Muy bien, Señorita Zapata, ordene lo que necesite.

Justo cuando estaba a punto de colgar, Vania la detuvo.

—Cierra y cancela de inmediato la cuenta desde la que se le transfería el dinero a Cristina Figueroa.

La mano pálida y delicada de Cherry tembló ligeramente mientras sostenía el teléfono.

Incluso su voz sonó insegura.

Creyó haber escuchado mal.

—¿A qué se refiere, Señorita Zapata?

—Es mi dinero, ¿por qué debería dárselo a otra persona? —respondió Vania con frialdad.

Hubo un alboroto al otro lado de la línea, seguido de un golpe sordo.

Como si algo pesado hubiera caído al suelo.

Aparte de Vania, todos en el Corporativo Alba sentían que algo extraño pasaba.

Hugo no había regresado a la empresa después de irse en la ambulancia con Cristina.

Vania terminó su turno y salió como de costumbre.

Notó que casi todos sus compañeros la evitaban.

Como si tuviera alguna enfermedad contagiosa.

Por la noche, tras recoger a Lunita y llegar a casa, Vania recibió un mensaje de texto.

Sorprendentemente, era de Vanessa.

"El señor Yáñez ya sabe del problema que tuviste hoy con la señora Cristina. Vania, prepárate para que te despidan."

Vania soltó una burla, dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa y se sentó a cenar y hacer la tarea con Lunita.

La actitud de Marta hacia Vania cambiaba notoriamente día con día.

Vania podía sentir que ahora la trataba con mucho más respeto.

Después de bañar a Lunita, le leyó un cuento antes de dormir.

Al mirar el rostro dormido de su hija bajo la luz de la lámpara, el corazón de Vania se llenó de ternura.

Hace muchos años, su propia madre hacía lo mismo.

Se quedaba en silencio a su lado todas las noches, observándola hasta que se quedaba dormida.

Aunque ya no recordaba cómo había sido su embarazo de Lunita.

Esa pequeña criatura era la viva imagen de ella.

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