Vania escuchó el sonido de una llave girando en la cerradura.
Apenas se había aplicado un poco de crema en las manos cuando se volteó y vio entrar a Hugo.
Su rostro se tornó frío al instante.
—Esta es mi habitación, ¿por qué entras?
—Esta es mi casa —respondió Hugo, sin expresión alguna.
Detrás de él, entraron dos guardaespaldas enormes.
El encendedor que Hugo tenía en la mano hizo un chasquido metálico.
Encendió el cigarrillo que tenía en los labios y exhaló una densa nube de humo.
Los dos guardaespaldas se acercaron y cada uno agarró a Vania de un brazo.
Vania frunció el ceño, molesta.
¿Otra vez con esto?
¿Acaso el grupo de matones que contrató la última vez no había recibido suficiente paliza?
Sin embargo, esta vez le fue imposible soltarse del agarre de ambos hombres.
—Hugo, ¿qué demonios intentas hacer?
Los ojos de Hugo eran profundos y venenosos.
—Sé que sabes pelear, pero...
Estos dos eran mercenarios que había traído del extranjero, con experiencia real en el campo de batalla.
Estaban en un nivel completamente diferente al de los matones anteriores.
—Llévenla al patio. Que se arrodille ahí por dos horas.
Vania no podía zafarse y no pudo evitar maldecirlo.
—¡Hugo, eres un grandísimo imbécil!
Hugo le arrojó tres hojas de papel en la cara.
—Una carta de compromiso de cinco mil palabras. Tú misma la escribiste. Prometiste nunca faltarle el respeto a Cristina.
Los papeles cayeron revoloteando a los pies de Vania.
Hugo estaba más frío que el hielo.
—Su hijo es el hijo póstumo de mi hermano. Ella es una viuda...
Vania soltó una carcajada; sus ojos parecían a punto de escupir fuego.
—¡Patrañas! Hugo, ella es tu exnovia, y ahora...
Vania hizo una pausa, llena de desprecio y con un inexplicable dolor sordo en el pecho.
—Es tu amante.
La mirada de Hugo se volvió aún más oscura.
Nadie se había atrevido jamás a desafiar su autoridad de forma tan directa.
—Llévensela.
Hugo observó cómo los guardaespaldas bajaban a Vania a la fuerza.
Había soñado que un monstruo se llevaba a su mamá.
Se despertó y, abrazando a su muñeco, salió de su cuarto sin pensarlo.
Hugo frunció el ceño.
Pero al ver el terror en los ojos de Lunita, su expresión se suavizó un poco.
—¿Dónde está mi mamá?
Le pareció haber escuchado la voz de su madre.
Hugo usó su cuerpo para bloquear la vista de Lunita.
Lunita seguía sollozando.
Su cuerpecito temblaba, y por miedo a Hugo, intentaba reprimirse para no llorar a gritos.
Hugo no se acercó. Habló con voz profunda.
—¡Marta!
Al escuchar a Hugo, Marta salió corriendo de su habitación.
Mantenía la cabeza agachada, sin atreverse a echar ni un vistazo a lo que sucedía afuera.
Nadie se atrevía a decir una palabra sobre lo que el señor Yáñez hiciera.
En los últimos cinco años, en esa casa habían pasado un montón de escándalos.
Esta última quincena había sido el período más pacífico de todos.
—Llévala a dormir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...