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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 110

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Vania había estado allí una vez.

Era el punto de encuentro preferido de los jóvenes millonarios de Nueva Alborada; solo la membresía anual costaba una verdadera fortuna.

En el patio, vio un auto deportivo que le resultaba familiar.

Al entrar un poco más, vio a Julián Herrera sentado, vestido de manera impecable.

Tenía las manos entrelazadas y cada uno de sus gestos gritaba "élite".

Vania jamás pensó que Natalia la llevaría a ver a Julián.

La situación entre ellos dos ahora era bastante incómoda; él ya no era el novio dulce que solía ser.

Y ella, por su parte, tenía un esposo en papel. No importaba lo terrible que fuera ese hombre, su matrimonio formaba una sutil barrera que cortaba cualquier conexión romántica con Julián.

Julián se levantó, con una mirada apasionada en sus ojos.

—Vani.

Vania sonrió con naturalidad y se sentó frente a él.

Natalia dijo: —¡Uy, me acabo de acordar de que tengo un asunto pendiente! Los dejo para que platiquen.

Vania agarró a Natalia del brazo al instante.

—Julián y yo ya nos habíamos visto, ¿verdad?

Miró a Natalia con una advertencia en los ojos.

Natalia se acercó a su oído.

—No seas boba. Julián fue quien me buscó, y le importa un comino que estés casada. Aprovecha esta oportunidad, no la vayas a dejar pasar otra vez.

Vania no sabía si reír o llorar; incluso si se divorciaba de Hugo, le sería imposible volver con Julián.

Julián ya tenía prometida, y ella no iba a convertirse en la otra.

—Siéntate —le ordenó a su amiga.

Vania la obligó a quedarse.

A Julián no le molestó:

—Abogada Funes, quédese. Hoy solo es para ponernos al día, no hay otra intención; mientras más seamos, mejor.

Él era muy hábil para salir de situaciones incómodas.

Aquel pequeño gesto de Vania le había herido el orgullo profundamente.

Julián miró fijamente el rostro de Vania.

Era la última vez que iba a rebajarse frente a ella de esa manera.

Él solo quería empezar de nuevo con ella.

—Vani...

—Julián, estoy casada, y tengo una hija de cuatro años. No sé qué ha pasado estos años, pero al fin y al cabo, sigo siendo la esposa de otro hombre.

La mirada de Julián hacia Vania estaba llena de un cariño desbordante y consentidor.

Vania, que había salido con él varios años, sabía exactamente qué significaba esa mirada.

Y sintió, de manera inexplicable, cómo se le ponía la piel de gallina.

Estaba increíblemente incómoda.

Julián le pasó el menú.

—Pide lo que quieras.

No le había quitado la mirada de su fino rostro ni un segundo.

—Vani, ya no soy el mismo de antes. Lo que Hugo te puede dar, yo también puedo dártelo.

Vania se sintió muy fuera de lugar y con un extraño malestar en el pecho.

En las palabras de Julián sonaba como si ella fuera alguna clase de trepadora o cazafortunas.

Natalia notó que la atmósfera se había puesto tensa y rápidamente tomó el menú.

—Yo me encargo de pedir.

Julián y Vania se sumieron en un silencio incómodo.

Hasta que una voz llena de hostilidad cortó el ambiente pesado.

—Julián, me dijiste que estabas ocupado y que te ibas a ver con alguien muy importante. ¿Acaso veniste a ver a la esposa de tu primo?

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