La acostó en la cama y la revisó de pies a cabeza, meticulosamente.
No encontró ninguna herida en su cuerpo.
A excepción de una mancha en el pantalón.
Llamó a Marta, su mirada era tan cortante que la empleada agachó la cabeza al instante.
—¿De dónde sacó el cuchillo?
Marta respondió, con la voz temblorosa:
—No, señor. Ella me pidió uno hoy, pero no se lo di.
Marta también notó la mancha y, siendo mujer, entendió de inmediato lo que pasaba.
—Señor... creo que a la señora le ha llegado su periodo. Esta vez no es un intento de suicidio.
La mirada de Hugo se oscureció por un momento.
—¿Qué ha hecho ella en todo el día?
Todavía parecía muy débil.
Aunque fuera una falsa alarma, era mejor que tener que limpiar un desastre.
—Bueno, ella...
Marta dudó, sin saber si debía contarlo.
Lo pensó por un momento, y finalmente habló:
—Después de que usted se fue, ella pidió mucha comida a domicilio. Era comida suave... supongo que tenía hambre.
A Hugo se le marcó una vena en la frente.
Le rechinaron los dientes.
—De acuerdo, puedes retirarte.
Se quedó mirando fijamente a la mujer que dormía plácidamente en la cama.
Ese día tenía programada una videoconferencia internacional muy importante.
Y por estar preocupado por ella, había dado la vuelta a medio camino.
Pensaba que había vuelto a hacer un berrinche...
Y resulta que...
Solo se había dado un banquete.
Hugo salió, marcándole a Mateo para decirle que ya no era necesario que fuera.
Al salir, cerró la puerta con tal fuerza que casi le saca el corazón del susto a Marta.
Vania, que seguía aturdida, fue despertada por una llamada de Natalia Funes.
—¿Hola?
—Vani, ¿estás en casa? Ábreme rápido.
Vania se sentó en la cama y se dio cuenta de que tenía ropa limpia.
Su rostro se sonrojó un poco.
Seguramente había sido obra del imbécil de Hugo.
Le pidió a Marta que dejara entrar a Natalia.
Al verla, Natalia corrió a abrazarla con fuerza.
¡No estaba loca! Si ni siquiera lo haría por Julián Herrera, mucho menos por Hugo.
Después de todo, Julián sí la trataba bien.
Ahora que lo pensaba, sintió un nudo en la garganta.
¿Cómo fue capaz de abandonar a un hombre que la mimaba tanto, para elegir a alguien como Hugo?
—Más te vale —dijo Natalia, aliviada.
Se sintió más tranquila al ver que Vania tenía buen color en las mejillas.
—Salgamos a cenar esta noche. Hay alguien que quiere verte.
Vania se quedó extrañada.
—¿Quién?
Natalia se hizo la misteriosa.
—Cuando lleguemos lo sabrás.
Vania se cambió a ropa cómoda y se fue con Natalia.
Marta intentó detenerla, pero Vania la hizo retroceder con una sola mirada.
Marta no se atrevía a enfrentarse a la nueva señora, que ya ni siquiera respetaba a su esposo.
Así que solo pudo ir a darle el reporte a Hugo cuando Vania ya se había marchado.
Natalia condujo a Vania a una cafetería muy elegante.
Era un lugar de diseño tradicional ubicado en el centro de Nueva Alborada, lleno de detalles clásicos.
La entrada estaba flanqueada por escalones de mármol decorados, pinos que valían una fortuna, y en la puerta había aparcados varios autos deportivos de lujo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...