Había sido ella quien se la pasó rogándole y persiguiéndolo desde el principio. Ahora que él le daba su lugar, dejando clara su postura y su relación con Cristina, ella se atrevía a tomar una actitud altanera y fingir que no le importaba.
—Já.
Si no fuera porque en los últimos días sus nuevas tácticas habían despertado su instinto de conquista, ni siquiera le habría prestado atención.
¿Acaso de verdad creía que podía hacer lo que quisiera estando con él?
El rostro de Vania estaba rojo de rabia.
—Puede que mis trucos no sirvan contra ti, pero esto sí...
Dicho esto, abrió la boca y mordió con todas sus fuerzas la muñeca que él tenía al descubierto por tener la manga remangada.
Hugo ni siquiera frunció el ceño, dejando que la mordiera hasta que Vania sintió el fuerte olor a sangre inundándole la nariz y el sabor a óxido en la boca. Solo entonces lo soltó.
Este hombre...
Vania estaba furiosa.
No había mostrado la más mínima reacción.
Hugo miró fríamente su brazo, del cual brotaba sangre, y luego a la mujer frente a él, que mostraba los dientes con los ojos inyectados en sangre, luciendo exactamente como una gatita salvaje enfurecida.
Tenía el cabello alborotado y su piel de porcelana parecía brillar en la penumbra.
Sus labios, que acababan de morderlo, lucían de un rojo intenso y seductor, tan llamativos como si hubieran bebido sangre.
—¿Eso es todo lo que tienes?
Hugo bufó por lo bajo, como si se burlara de ella.
—Si ya terminaste, es mi turno.
Vania fue tomada por sorpresa cuando él la inmovilizó bajo su cuerpo. Por más que se resistió, él encontró sus labios con precisión milimétrica, devorándola en un beso arrollador.
Vania estaba un poco lastimada, y él se había contenido por mucho tiempo.
Ningún hombre tendría la paciencia suficiente para seguir esperando indefinidamente.
Hacía rato que quería comérsela viva.
Y para el colmo, Vania no dejaba de desafiar su autoridad, lo que no hacía más que encender su deseo de dominarla.
Durante los últimos cinco años, Vania siempre había sido completamente sumisa con él.
No se podía decir que no lo disfrutara, pero definitivamente no era tan excitante y desafiante como ahora.
Hugo la besó hasta dejarla casi sin aliento. Vania golpeó con fuerza sus hombros y su pecho, pero al final no pudo contra él y terminó cediendo.

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