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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 123

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Vania sostuvo el teléfono en silencio por un largo rato.

Hugo colgó, y Vania no pegó el ojo en toda la noche.

Al día siguiente, como era de esperarse, no fue a la oficina. Desde Recursos Humanos tampoco la llamaron para preguntarle.

Vania compró algunas cosas y fue a visitar a su abuela, doña Mercedes Zapata.

La señora tenía buen color y se veía notablemente mejor que la última vez.

Sin embargo...

Esta vez, la abuela la confundió con Natalia Funes.

—Señorita Funes, ¿de casualidad ha visto a mi querida Vani?

Doña Mercedes la tomó de las manos y empezó a llorar. Vania se asustó y le apretó las manos con fuerza.

—Abuela, soy yo, Vani.

Evidentemente, la enfermedad de la anciana había empeorado otra vez.

—No trates de consolarme, tú eres Natalia. Hazme el favor de decirle a Vani que ese Hugo no la ama, que el hombre ya se va a casar y que deje de rogarle. Esa niña ya ni a mí me hace caso.

—Ustedes son las mejores amigas, por favor ayúdame a cuidarla. No dejes que cometa una estupidez. Enamorarse de un hombre que no te quiere es un infierno en vida para cualquier mujer. Mi Vani es tan hermosa y brillante, no puedes permitir que arruine su vida.

—Señorita Funes, te lo suplico. Y esa Cristina es tan mala como la madre de Vani. Mi niña es demasiado buena, jamás podrá ganarles.

Doña Mercedes, con el rostro bañado en lágrimas, hizo ademán de arrodillarse frente a Vania.

Ella la sostuvo rápidamente, con los ojos enrojecidos a punto de llorar.

¿Por qué su abuela también pensaba eso?

¿Acaso hace cinco años Hugo realmente significaba más para ella que su propia abuela?

—Abuela, no te preocupes, yo hablaré con...

Vania pensó un segundo y decidió seguirle la corriente a doña Mercedes: —...con Vani. Ella no estará con Hugo.

Aún con lágrimas en el rostro, doña Mercedes se limpió los ojos y le dio las gracias a quien creía que era la señorita Funes.

Si eso fuera cierto, los Zapata no tendrían por qué venir a visitarla tan seguido.

Para ella, Hugo no era más que un jefe basura con serios problemas de actitud.

Vania estaba por subir al auto, pero un instinto la hizo detenerse cuando el conductor la apuró.

Retrocedió y abandonó la idea de irse.

De repente sintió curiosidad por ver cómo su tía y su prima trataban a la abuela.

Al llegar a la puerta de la habitación, la voz de Rosa se escuchó fuerte y clara.

Las habitaciones VIP estaban bastante separadas unas de otras. Tal vez pensando que nadie pasaría por allí, Rosa gritaba con una agresividad que casi tiraba el techo abajo.

—¡Vieja terca! ¿Por qué te niegas a soltar todas esas acciones? ¿No tienes idea de lo que ha sacrificado mi marido por la familia todos estos años? Tu inútil hijo mayor estiró la pata y nos dejó a esa arpía infiel de su esposa, que nos despojó de una fortuna.

—¡Mi marido también es tu hijo, no seas tan favoritista! Ahora somos el único hijo y la única nuera que te quedan. Si no nos entregas esas acciones, ten por seguro que nadie va a ir a tu funeral.

Vania esperaba escuchar palabras de afecto de una nuera cariñosa hacia su suegra, pero en su lugar se encontró con un sórdido drama por la herencia.

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