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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 126

Nuevo hogarInalcanzable: Mi esposa ya no me ama ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Vania apenas podía creer que esa fuera Rosa. ¿En serio era la misma tía que tanto la consentía cuando era niña?

Solo con escuchar el nombre, doña Mercedes resopló con disgusto.

—Ni caso le hagas a esa víbora, todo lo que dice es veneno. Te trataban bien porque yo les prometí que, si te criaban hasta ser mayor de edad, les pasaría todas mis acciones.

—Pero tu tío es un caso perdido. Tiene el talento para llevar un negocio, pero el vicio del juego lo tiene arruinado.

—¿Cómo iba a entregarle las pocas acciones que nos quedan? Si un día se le cruzan los cables en el casino, es capaz de apostar el apellido y dejarnos en la calle.

—Esta familia la levantaron a pulso tu abuelo y tu bisabuelo. Tu padre dejó la vida trabajando por nosotros. Jamás pondría nuestro patrimonio en manos de un irresponsable como él.

Doña Mercedes miró a Vania con una determinación férrea.

—Vani, tienes que demostrarles de qué estás hecha. El futuro de la familia recae en ti. Por lo que más quieras, no permitas que lo nuestro acabe en manos de esos malagradecidos.

Vania sintió que el suelo se le movía; apenas podía asimilar lo que acababa de escuchar.

En solo cinco años, no solo el mundo había cambiado, sino que las personas que creía que la amaban solo la querían por interés.

Miró a su abuela, con una mezcla de emociones oprimiéndole el pecho.

Cuando logró calmarse, Vania le hizo una promesa a doña Mercedes.

—Abuela, no te preocupes. Protegeré el legado de la familia y recuperaré todo lo que me pertenece. No te dejaré aquí sola. Te llevaré a vivir conmigo. No tendremos que rendirle cuentas a nadie y te juro que nadie volverá a faltarte el respeto.

El rostro desfigurado por la avaricia de Rosa era ahora su peor pesadilla.

Era difícil aceptar que aquella mujer que recordaba como amable y cariñosa fuera, en realidad, un lobo con piel de oveja.

—Yo confío en ti, mi niña.

Doña Mercedes lloraba de pura alegría.

Cherry ya no tenía ni un gramo de esperanza en Vania.

De hecho, ya había tomado la decisión de renunciar a fin de mes.

Por mucho dinero que le ofrecieran, no valía la pena ganarse millones si el estrés iba a mandarla directo al hospital. Ya no soportaba trabajar para una mujer con un talento brillante para los negocios, pero tan insoportablemente ciega y estúpida por amor.

Prefería casarse con cualquier tipo a seguir así.

Si el tipo resultaba ser una basura, al menos podría gritarle y desahogarse.

Pero con la jefa que le pagaba el sueldo, por respeto al dinero, tenía que aguantarse la lengua.

Vania se quedó callada un segundo. Cherry ya se preparaba para el regaño, pero la respuesta de Vania fue sorpresivamente educada y respetuosa.

—Tranquila, hablar conmigo también es parte de tu trabajo. Si logras duplicar mis ingresos, te subiré el sueldo a cinco millones más comisiones. Cherry, sé muy bien que tu talento se ha desperdiciado conmigo. ¿Qué dices? ¿Nos vemos?

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