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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 129

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Natalia se quedó petrificada mirando a Vania.

Estaba como si le hubiera caído un rayo encima, incapaz de mover un músculo.

Medio minuto después, la señaló con una mirada que podría asesinar.

—Y la protagonista... la tal Vina... ¿eres tú?

Es decir, que durante los últimos cinco años, Vania le había estado enviando religiosamente, mes tras mes, un cómic con todas las intimidades de alcoba entre ella y Hugo, con apenas tres páginas de desarrollo romántico por cada cien de pura acción.

Natalia levantó los puños. —¡Vania Zapata, te voy a matar! ¡No me importa si perdiste toda dignidad por tu amor a Hugo, pero me has estado quemando las retinas por cinco años! ¡Devuélveme mi inocencia, malvada!

Bajo la cálida luz del atardecer, ambas mujeres corrían por la playa, persiguiéndose.

Entre risas y bromas...

A Vania se le escaparon las lágrimas.

Debido a todo el desgaste físico, Vania se tomó tres días de descanso antes de regresar al Corporativo Alba.

En esos tres días, apenas se había cruzado con Hugo en Villa Ébano.

Siempre llegaba tardísimo y se iba antes del amanecer.

Tampoco hacía ninguna comida en casa.

Vania siguió con su rutina de llevar y recoger a su hija, y el matrimonio prácticamente ni se vio.

Al llegar a la oficina, se topó de frente con Marcos, uno de los gerentes, y así se enteró de que toda la empresa estaba en el último piso para un evento corporativo.

Marcos se hizo el misterioso respecto al motivo de la fiesta, pero prácticamente la obligó a acompañarlo.

El salón de eventos estaba repleto de gente elegante; todos llevaban sus mejores galas. Vania era la única que vestía su traje de oficina de siempre, el cual, por azares del destino, era casi idéntico al uniforme del personal de servicio contratado para la ocasión.

Desde que perdió la memoria, Vania siempre vestía así. Lo que no entendía era en qué momento el departamento de Relaciones Públicas había decidido usar su estilo como uniforme, y encima tan parecido.

Vanessa, la supervisora, estaba a unos pasos con una copa de vino en la mano. Al ver a Vania, se disculpó con quien hablaba y caminó hacia ella, arrastrando un largo vestido de noche con paso pretencioso.

Con la copa en mano, dio media vuelta y caminó tranquilamente hacia la zona de los postres.

Como había salido de prisa, no había comido casi nada y ya le estaba rugiendo el estómago.

Vanessa miraba la espalda de Vania, temblando de rabia de pies a cabeza.

¡Esa estúpida acababa de tratarla como a una mesera!

Vania encontró un asiento apartado y se dedicó a observar. Todos estaban ocupados charlando y haciendo contactos en ese exclusivo círculo social.

Ella, en cambio, estaba de lo más relajada.

Se llevó un trozo de pastel a la boca y tuvo que admitir que los postres de la empresa estaban buenísimos.

Su plan era llenarse el estómago y luego irse, pues no pintaba nada en esa reunión.

A pocos pasos de Vania, en la zona de sofás, Cristina era el centro de atención. Estaba rodeada de mujeres de la alta sociedad y figuras clave del mundo político y empresarial de Nueva Alborada con las que mantenía una estrecha relación.

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