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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 225

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Vania quería llorar, pero no le salían las lágrimas. No sabía si la doctora lo hacía por genuina preocupación médica o si realmente la había sacado de sus casillas.

Sin más remedio, tomó sus estudios y caminó hacia la salida.

Su silueta fue vista justo por Mateo Quintanilla.

Mateo había ido al hospital a buscar a alguien y no esperaba encontrarse a Vania saliendo precisamente del área de ginecología.

Se quedó con la duda y fue a buscar a la doctora Lozano.

—La joven que acaba de salir, Vania... ¿Qué hacía aquí en ginecología?

Mateo había sido el médico personal de Hugo durante años, y cada vez que a Vania le sucedía algo, él era el primero en ser llamado.

Últimamente, no sabía si la relación de la pareja había mejorado o si se había vuelto un infierno.

El caso es que hace tiempo no recibía llamadas de Hugo en medio de la madrugada para ir a salvar a nadie.

La doctora Lozano seguía bufando del coraje. Como médica con años de experiencia, había visto a muchas chicas que no cuidaban su cuerpo, y lo único que podía hacer era lamentarse.

Trataba de hacerlas entrar en razón una a una, pero alguien tan aferrada como Vania era un caso perdido. Alguien que llevaba cinco años destruyendo su salud para complacer a su pareja... Era la primera vez que veía algo así.

Que esa mujer siguiera viva era un auténtico milagro, una prueba de que la muerte aún no la quería.

—¿La conoces? —preguntó la doctora.

Mateo asintió.

—Digamos que es una amiga.

La doctora Lozano frunció el ceño profundamente. De repente, una idea absurda le cruzó por la mente, cargada de incredulidad.

—No me digas que tú eres el novio.

Mateo tenía una reputación impecable en el hospital. Era un hombre pulcro, sin un solo escándalo amoroso, guapo y muy profesional. La directiva del hospital ya lo consideraba un talento a promover.

Incluso se rumoraba que él sería el próximo subdirector. Había demasiadas doctoras y enfermeras detrás de él, y la misma doctora Lozano había pensado en presentarle a su hija.

—Gracias.

Mateo asumió que el estrés del trabajo la tenía de mal humor, así que no le dio demasiada importancia.

Dio las gracias con educación. Al ver que la doctora no le respondía, se retiró del consultorio con tacto.

Miró hacia el pasillo por donde Vania había desaparecido, perdido en sus pensamientos.

Si Vania había ido a abortar, eso significaba que estaba embarazada.

¿Acaso Hugo no sabía absolutamente nada?

Mateo sacó su celular, listo para llamar a Hugo. Buscó su contacto, presionó el botón de llamada, pero después del primer tono, colgó abruptamente.

Mejor no. Eran problemas de pareja, y él no tenía ningún derecho a meterse.

Lo que tuviera que saberse, saldría a la luz tarde o temprano.

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