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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 226

Vania salió del hospital sintiendo que el suelo bajo sus pies daba vueltas.

No es que dudara de la palabra de la doctora Lozano, pero quería visitar otros hospitales para ver si alguien más le daba una esperanza.

Sin embargo, fue de puerta en puerta, y no fue hasta que el quinto hospital la rechazó con el mismo diagnóstico que Vania perdió toda ilusión. Aun así, una de las enfermeras le soltó un comentario entre líneas:

—En un hospital en regla como el nuestro, es imposible que te hagamos ese procedimiento.

Como si le hubieran dado la clave de un mapa, Vania sintió un destello de claridad y corrió a buscar los anuncios pegados en los postes de la calle.

Se adentró en un callejón y encontró una clínica clandestina que ni siquiera tenía un letrero en la entrada.

Los equipos estaban oxidados, y la camilla quirúrgica lucía tan asquerosa que daba escalofríos.

El alma se le cayó a los pies.

La supuesta doctora no era más que una mujer de unos cincuenta años, sentada sola en el cuarto fumando un cigarrillo. Ni siquiera tenía una asistente.

Al verla entrar, la mujer la miró de arriba a abajo.

—Interrumpir el embarazo cuesta quinientos. No nos hacemos responsables si no sales viva. Si hay una tragedia, ni se te ocurra venir a reclamar.

Tras decir eso, le aventó una hoja de papel para que firmara.

El documento básicamente decía que ella asumía toda la responsabilidad y que el procedimiento era completamente voluntario, eximiendo a la persona que operaba de cualquier culpa.

Era literalmente poner su vida en manos de un carnicero.

Y para colmo, la mirada de la mujer estaba cargada de desprecio, acompañada de una risa rasposa e irritante.

—Quítate los pantalones y súbete. El hijo no es de tu marido, ¿verdad? A tu edad he visto a muchas venir a hacer esto; siempre son por andar de resbalosas con sus amantes. Puros bastardos.

Vania temblaba, sintiendo una mezcla de terror y una furia incontrolable.

El bebé que llevaba en su vientre había sido concebido con el hombre con el que había firmado un acta de matrimonio. ¿Desde cuándo se había convertido en un bastardo?

Dudó por unos segundos. Al final, el miedo pudo más. Si se acostaba en esa camilla y algo salía mal, morirían los dos.

Si ella moría no le importaba tanto, ¿pero qué pasaría con Luna? ¿Y con su abuela?

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