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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 260

La había llamado y le había enviado un mensaje, dejándole claro que lo que había quemado eran los regalos que ella misma le había dado en el pasado.

Desde ese único y tenso intercambio en la mañana, habían pasado más de nueve horas.

Y ella no le había devuelto ni una sola palabra.

Quería convencerse de que estaba demasiado ocupada. Después de todo, era el primer gran proyecto entre Corporativo Alba y Grupo Nexo; sabía que muchas fases y pruebas requerían su supervisión personal.

Podía entenderlo.

Pero era imposible que estuviera tan abrumada como para no enviar un simple mensaje.

Especialmente cuando, minutos antes, había visto con qué entusiasmo le contestaba a Yago.

Una burla amarga escapó de sus labios.

Hugo apartó las manos de la barandilla del balcón. Un brillo oscuro destelló en sus ojos.

¿Esquiar?

Qué buen humor se cargaba con su amante.

¿Tenía tiempo para responderle a Yago, pero no para él?

¿Acaso olvidaba que seguía siendo su esposo?

¿O para ella ya estaba muerto?

Vania no tenía idea de que alguien la estaba observando.

Se fue a cenar alegremente con Luna.

De regreso a la oficina, Hugo investigó las reservas de los centros de esquí cerca de la zona de Grupo Nexo.

Tal como sospechaba, encontró los nombres de Yago, Vania y Luna.

Llamó a Miguel a su oficina.

—Hazme una reservación en el centro de esquí para el día dieciocho.

Miguel parpadeó, confundido.

¿Ahora a los clientes les gustaba esquiar?

De todas formas, asintió y tomó nota.

Cristina, que acababa de entrar a la oficina, escuchó la conversación y sonrió complacida.

—Hugo, ¿vas a llevar a Xavier a esquiar? Salió del hospital hace una semana y me ha dicho varias veces que está aburrido y quiere salir. Es una gran actividad al aire libre.

Cristina sintió un dulce calor en el pecho. Hugo siempre sabía exactamente lo que ella y su hijo necesitaban. Era la prueba perfecta de lo mucho que le importaba.

La mirada fría de Hugo se desvió hacia Cristina sin mucho interés.

Tras una breve pausa, preguntó:

¿Sería posible que de verdad estuviera sintiendo compasión por ese par?

No eran más que donantes de sangre, ¿por qué tantas dudas a la hora de actuar?

Con una mezcla de frustración y resentimiento, Cristina fingió una sonrisa tierna y se marchó.

Hugo se quedó fumando en silencio, con la mente perdida en otro lugar.

¿De verdad Vania estaba solo trabajando con Yago en las oficinas de Grupo Nexo en este momento?

Llegó el fin de semana. Vania y Luna se preparaban desde temprano para salir.

La puerta de la habitación de Hugo se abrió de golpe.

Él las miró a ambas y soltó con frialdad:

—¿Tienen que ir a la escuela hoy?

Luna llevaba puesta su pequeña mochila de peluche, en la que asomaban unas gafas protectoras para la nieve.

Vania no esperaba que Hugo estuviera en casa.

Había dado por hecho que pasaría la noche con Cristina.

Con el rostro inexpresivo, Vania se limitó a responder:

—Mmm.

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