Luna estaba un poco nerviosa.
Al parecer, a su papá no le caía bien el señor Yago.
La última vez que estuvo en casa de su abuela, notó cómo su papá lo fulminaba con la mirada.
Y también había insultado a su mamá.
No entendía del todo sus palabras, pero antes, cuando su papá le gritaba a su mamá en casa, usaba ese mismo tono.
Sabía perfectamente que no eran cosas buenas.
—¿A dónde van? Las llevo —ofreció él.
Vania lo miró sorprendida. Sin embargo, no lo necesitaba.
Yago ya la estaba esperando en la empresa.
Habían acordado que ella llevaría su auto hasta allá y luego se irían juntos en el de él a esquiar.
¿A qué venía tanta amabilidad de Hugo?
¿O acaso...?
Recordó que el Grupo Nexo estaba desarrollando un robot de compañía con inteligencia artificial.
No sabía cómo, pero en Corporativo Alba se habían enterado. Hacía un par de días, cuando Cristina fue a discutir los proyectos de colaboración entre ambas empresas, lo soltó de repente.
Le exigió a Vania que compartiera el nuevo proyecto para que ambas compañías lo trabajaran juntas.
Una verdadera burla. Habían pasado casi un mes entero estructurando el proyecto, desgastándose con estudios de mercado y análisis, y ella había pasado noches en vela construyendo la base de datos.
Si Cristina creía que iba a compartir todo ese esfuerzo, estaba loca.
La rechazó de inmediato.
En los últimos dos días, Hugo la había llamado varias veces y ella no le contestó, pero él ni siquiera parecía molesto.
Y ahora, hasta se ofrecía a llevarlas.
Seguro quería abogar por su adorada amante.
—No es necesario, no vamos por el mismo camino —respondió Vania con frialdad.
Luna, que daba saltitos detrás de Vania, apenas le dirigió una mirada a Hugo antes de que su mente se llenara por completo de Yago.
Lástima que su mamá le había dicho que el señor Yago era solo un señor, y que no podía llamarlo papá.
Ella creía que el señor Yago sería un papá perfecto.
Su papá debería ser el papá de Xavier, no el suyo.
—¿Qué dices tú, Lunita? —insistió Hugo.
Ignoró la negativa de Vania; seguro estaba tan ocupada coqueteando con Yago que ya había sepultado cualquier sentimiento por él.
Pero la niña era su hija, y las reacciones de los niños siempre eran genuinas.
Al escuchar su nombre, la carita de Luna, que antes rebozaba emoción, se llenó de angustia.
En todos esos años, era la primera vez que escuchaba a Hugo hablarle con tanta distancia.
Como si ella fuera una molestia inoportuna.
—¿Hugo? —Cristina pensó que se había equivocado de número; él nunca le hablaría en ese tono.
Al no escuchar respuesta, esperó unos segundos y tanteó el terreno.
—Xavier te está esperando, y yo también. ¿A qué hora nos vamos a la pista de esquí?
Hugo observaba cómo el auto de Vania desaparecía a la distancia.
Como si por fin volviera en sí, la tormenta en su interior comenzó a calmarse a medida que ellas se alejaban.
—Voy para allá.
Esas tres gélidas palabras hicieron temblar el corazón de Cristina.
¿Acaso había hecho algo mal?
¿Por qué le hablaba con tanta frialdad?
Vania y Yago llegaron a la pista de esquí con Luna.
Vania no sabía esquiar, así que Yago tenía que lidiar con dos novatas que no dejaban de tropezar.
Vania era de naturaleza tranquila y, en realidad, los deportes no le interesaban en lo absoluto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...