Elena seguía llena de ansiedad.
Hugo estaba sentado en su lugar, sin siquiera levantar la vista, inmutable como una roca.
—No puedo ser testigo.
Hugo se negó sin la menor duda.
Los labios de Vania se curvaron en una sonrisa gélida y resignada.
¿Cómo iba Hugo a hacer algo que perjudicaría a la familia de Cristina sin aportarle ningún beneficio?
Esta vez, hasta Natalia se quedó atónita.
Santiago había cometido un acto asqueroso y despreciable contra su legítima esposa.
Con una sola palabra suya, el agresor pasaría diez años en prisión.
¿Y se negaba a testificar?
En su desesperación, Natalia casi grita:
—¡Eres su esposo legal! ¿Por qué te niegas a ayudarla?
Pero Vania la interrumpió de inmediato.
—Abogada Funes, no tengo ninguna relación con el señor Yáñez. No hay necesidad de forzar a nadie.
—Pero, señorita Zapata... —insistió Natalia, ansiosa.
Vania giró el rostro, con una sonrisa aún más marcada.
—Santiago, no puedes negar lo que hiciste. No necesito ningún testigo. Si las pruebas no son suficientes, dejemos que él mismo diga lo que hizo.
Santiago se quedó de una pieza.
Vania tenía su vida en sus manos.
Si se negaba a confesar, ella tenía mil formas de destruirlo.
Santiago finalmente bajó la cabeza. Elena miró a Vania con furia y le gritó:
—¡Hija malagradecida! ¡Quieres matarme a mí y destruir nuestra familia! Eres tan venenosa que no me extraña que el hombre que amas te desprecie. Nunca tendrás lo que quieres, y tanto tú como tu hija tendrán un final miserable.
La mirada de Vania se oscureció. Empezó a temblar de ira.
Elena podía maldecirla a ella todo lo que quisiera, pero no tenía derecho a maldecir a su hija.
Vania no dejaría escapar a Santiago, ni le prestaría más atención a esa mujer.
—Santiago, di tú mismo lo que hiciste.
Santiago guardó silencio durante unos minutos que parecieron un siglo.
Vania miraba a Santiago con fría indiferencia.
Aquel chofer arrogante que se alzó tras la muerte de su padre, ahora, acorralado por las pruebas, se enfrentaba a la justicia.
Cristina miró a Vania con odio profundo, apretando los dientes.
—No cantes victoria, Vania. Aunque haya pasado esto, nadie creerá que mi padre es esa clase de persona. Tu reputación ya está en la basura. Eres demasiado ingenua si crees que con estos trucos hundirás a nuestra familia.
A Vania le resbalaban las palabras de Cristina; lo único que le importaba era que Santiago recibiera el castigo que merecía.
Tal como Natalia había previsto, Santiago fue condenado a siete años.
Pero...
La sentencia no se ejecutaría de inmediato.
Al salir del tribunal, Vania vio a Hugo escoltando a Cristina a cada paso, sin separarse de ella.
Pensó en cómo se negó a testificar en pleno juicio y sonrió.
Esos cinco años de matrimonio con él eran el colmo de la ironía.
Yago y Natalia no se separaron de Vania en ningún momento.
Natalia se sentía muy culpable.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...