Entrar Via

Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 297

Habiendo Yago llegado a ese punto, sería de muy mala educación rechazarlo.

Vania finalmente aceptó.

Yago fue a recogerlas en su auto.

Vania ni siquiera aceptó el Cullinan que le había regalado Doña Dolores; lo dejó en Villa Ébano.

De ahora en adelante, ya no tenía absolutamente nada que ver con Hugo.

Cada quien seguiría su propio camino. Ella cruzaría su puente junto a Luna.

Solo les faltaba el acta de divorcio.

Si Natalia no quería llevar su caso, buscaría a otro abogado.

Lo importante era que todo este absurdo matrimonio con Hugo estaba a punto de terminar.

***

Esa noche, Don Leal reservó en persona una mesa en un exclusivo restaurante de comida tradicional.

Renato y Perla, los padres de Yago, llegaron junto con el abuelo.

Yago les había contado que quería que recibieran a Vania como hija adoptiva, y les detalló todo el abuso que había sufrido por parte de la familia Figueroa.

Los Leal estaban horrorizados.

Decidieron organizar una gran ceremonia para oficializar la adopción.

A partir de ese momento, ellos serían la familia de Vania, y no permitirían que nadie la maltratara.

Yago hizo que Vania saliera temprano del trabajo para ir a recoger a Luna.

Al llegar al restaurante, Vania llevó a Luna al baño.

Yago se adelantó al salón privado para avisar que ya estaban allí.

Con todo lo de Santiago, Vania se había sentido de muy mal humor.

Pero haber recibido tanta bondad de la familia Leal fue una sorpresa hermosa para ella y para su hija.

Tomadas de la mano, caminaban contentas hacia el salón.

Justo en ese momento, un mesero venía hacia ellas.

Llevaba en las manos una olla de sopa muy caliente.

De pronto, la puerta de un salón contiguo se abrió de golpe y Xavier salió corriendo junto a otros dos niños.

Vania empujó rápidamente al mesero. La olla cayó al suelo y un par de gotas salpicaron a Xavier, haciéndolo gritar del dolor.

Vania revisó de inmediato a su hija.

—Mi amor, ¿te quemaste?

—Parece que la señorita Zapata no se rinde y sigue persiguiendo a su cuñado hasta aquí.

Hugo había organizado esa cena para celebrar que Santiago libró la cárcel.

No esperaba cruzarse con Vania.

En el tribunal, Hugo había notado claramente cómo Yago la protegía.

Al ver las ampollas en la mano de Xavier, su rostro se volvió frío como el hielo.

—Fue él quien salió corriendo, empujó a las personas, derramó la sopa y se quemó a sí mismo sin siquiera rozar a Lunita. Y encima, nos echas la culpa. Cristina, no seas tan despreciable —espetó Vania, a quien no le importaban las apariencias.

¿Acaso Hugo estaba ciego? Y si lo estaba, podían revisar las cámaras de seguridad. Había cámaras por todas partes; no permitiría que ensuciaran a su hija.

Cristina estaba que hervía de rabia. Elena también salió.

Al ver a Vania, se puso histérica y le apuntó con el dedo, gritando:

—¡De tal palo, tal astilla! Eres una basura, y la hija que crías está llena de maldad, pensando siempre en cómo lastimar a Xavier. ¡Incluso si Xavier estuviera muerto, ni tú ni tu engendro entrarían jamás a la familia Yáñez!

Las palabras venenosas de Elena se clavaron en el corazón de Vania.

Xavier era el nieto de Elena, pero ¿acaso Luna no era su propia nieta biológica?

Y en cuanto a entrar en la familia Yáñez, irónicamente, tanto ella como Cristina tenían el título de señora Yáñez.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama