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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 298

Solo que a ella ya no le interesaba.

Vania ignoró a esa familia. Yago seguía esperando por ellas.

Luna no se quedó callada y respondió de inmediato:

—Yo no fui. Fue Xavier el que no se fijó por dónde iba.

Elena estalló:

—¡Los adultos están hablando! ¡Qué te metes, lárgate de aquí!

Vania enfureció.

—Elena, cuida tus palabras.

Tomó a Luna de la mano para irse, pero sintió un dolor agudo en el brazo. La fuerza en la mano de Hugo parecía querer triturarle el codo. Vania levantó la vista y se encontró con unos ojos oscuros y gélidos; no pensaba dejarla ir.

—Suéltame.

Vania estaba fúrica.

¿Qué pretendía?

¿Qué clase de hombre se unía a esa bola de víboras para acosar a su propia esposa e hija?

Ese cobarde de Santiago seguro estaba escondido en el salón, sin atreverse a dar la cara.

Y mandaban a Xavier a buscarle problemas.

¿La veían cara de estúpida?

—Discúlpate —exigió Hugo. No estaba dispuesto a seguir tolerando sus desplantes. Con una sonrisa fría y despectiva en los labios, le lanzó una mirada que dejaba claro que no iba a discutir.

¿Qué bicho le había picado a esta mujer?

Una y otra vez, se negaba a dejar en paz a Cristina y a Xavier.

Él ya había hecho lo posible por minimizar el daño para ambas familias.

Santiago cumpliría su condena en dos años de todos modos.

Pagaría por lo que hizo.

Lo que ella tenía que hacer ahora era portarse bien y no causar más problemas.

Y ahora armaba otro escándalo.

Vania no solo pensaba que estaba loco, sino que no tenía cura.

—Suéltame.

Últimamente, había notado que Hugo veía a Vania con más frecuencia.

Inquieta, fingió ser condescendiente para que Vania se largara y no arruinara su cena familiar.

—Hugo, déjalo así. Si mi hermana no quiere disculparse, no se lo exigiré. Solo espero que a partir de ahora entienda cuál es su lugar y deje de intentar llamar tu atención en todo momento. Hay cosas que no se consiguen solo con trucos baratos.

Su insinuación sobre Hugo era más que evidente.

Decía que Vania no lo tendría ni en un millón de años.

Vania casi rodó los ojos.

—Luna no hizo nada malo, así que no tiene por qué disculparse con nadie. Y no se trata de lo que tú quieras o no. Señor Yáñez, mantenga su distancia, hágame el favor de soltarme.

Parecía que Cristina aún no se daba cuenta de quién era la que realmente quería cortar lazos.

La mirada de Hugo se volvió aún más fría. Pudo sentir que el asco que Vania le mostraba no era solo superficial.

Antes se moría por estar pegada a él, y ahora no veía la hora de marcar su distancia.

Este abismal contraste desató el sarcasmo más gélido en Hugo.

—Tienes razón, no se trata de lo que ella quiera, sino de enseñarle valores a tu hija. Luna chocó a alguien y causó daño. Si la proteges sin importar quién tenga la razón, no la estás amando, la estás perjudicando. Hoy tiene que disculparse, y tú sabes muy bien por qué.

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