Al escuchar de los labios de Hugo que Vania quería invitarla a cenar, Doña Dolores se llenó de alegría al instante.
¿Acaso lo había malinterpretado todo o era que Miguel estaba sordo?
Le había pedido que vigilara a Hugo y ni siquiera podía darle información correcta.
Pero la alegría de la anciana duró poco; su rostro volvió a tornarse serio.
—Esta invitación que mencionas... ¿es solo de parte de ella o me invitan los dos?
Tenía que dejar eso muy claro.
Si Vania la invitaba sola, significaba que la joven pareja aún seguía distanciada.
La mirada de Hugo se posó con indiferencia en los pastelillos que había comprado para su abuela.
Doña Dolores no probó bocado, manteniendo sus ojos clavados en su nieto mayor.
—¿Y bien?
Hugo, que se había distraído un momento, reaccionó a la pregunta.
—Por supuesto que vamos los dos.
Solo entonces el rostro de la anciana se iluminó con una sonrisa y aceptó comer uno de los postres.
Al salir del estudio de su abuela, Hugo llamó de inmediato a Cristina.
—Ya está acordado. Este fin de semana en la Residencia Real. Pasaré a recogerlas.
Cristina no cabía de la felicidad.
Parecía que Doña Dolores por fin empezaba a aceptarla a ella y a su familia.
Seguramente la anciana ya se había enterado de que la familia Leal había adoptado a Vania.
Cinco años viviendo de la familia Yáñez para terminar corriendo a los brazos de otra familia.
Y pensar que Doña Dolores hasta le había regalado una camioneta de lujo.
Para Cristina, Vania no era más que una interesada y malagradecida.
—¿Qué platillos prefiere la abuela? Así le pido al personal que lo prepare.
Hugo respondió con tono despreocupado:
—El fin de semana en la Residencia Real. Acuérdate de llegar temprano con Lunita. Miguel me contó que entraste a trabajar a la empresa del chico Leal y que no tienes ni un segundo libre. ¿Qué necesidad tenías? Nuestras empresas familiares son una excelente opción y al menos no tendrías que agotarte tanto.
El cariño de Doña Dolores por Vania era genuino.
Durante los cinco años de matrimonio, Vania había amado a Hugo con devoción absoluta, visitaba a la anciana sin una sola queja y jamás le había pedido ningún favor, a pesar de que Doña Dolores tenía la última palabra en la familia Yáñez.
Todo el círculo social de la ciudad conocía el amor que Vania le profesaba a Hugo y muchos se burlaban de ella a sus espaldas.
Pero la anciana lo veía desde otra perspectiva. Ella comprendía que el amor en la juventud podía arder como un volcán, con una intensidad capaz de eclipsar el mundo entero.
La abuela sentía que ni siquiera ella en sus mejores años había tenido esa capacidad de entrega.
Lo único que le dolía era que Vania se sacrificara tanto por un nieto que, a sus ojos, era un reverendo idiota, empeñado en aferrarse a una mala hierba como Cristina en lugar de valorar la joya que tenía a su lado.
Al otro lado de la línea, Vania sonrió con tranquilidad.
—Abuela, aquí tengo la libertad de desarrollar mis ideas sin tantas restricciones. No se preocupe, no estoy cansada. Le prometo que llegaré temprano con Lunita este fin de semana.
Originalmente, Vania quería preguntar si Hugo y Cristina también asistirían; de ser así, prefería no ir.
Al no estar en la misma sintonía, encontrarse con ellos solo resultaría en un rato desagradable.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...