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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 381

Vania se preguntó a quién más podría conocer en ese lugar.

Por la expresión del director Yépez, era evidente que se refería a todos los presentes en la mesa. Vania se quedó pensativa. ¿Acaso antes de perder la memoria también se relacionaba con gente de la política?

Salvo por Dante, todos los demás estaban adivinando.

En la entrada de la cafetería, Hugo y Adrián hicieron su aparición. Al ver que Vania también estaba allí, compartiendo mesa con el ministro Ximénez y el director Yépez, Adrián se llevó una gran sorpresa. Y al notar a Yago Leal a su lado, pensó que todo era una completa locura.

¿Qué clase de lugar era ese? Seguramente Yago la había llevado usando alguna excusa inventada, de lo contrario, ¿cómo habría logrado engañar al director Yépez para que la aceptara como invitada de honor?

Un destello de burla cruzó por los ojos de Adrián, y por pura costumbre, soltó:

—Cuñada, ¿qué haces aquí?

La palabra «cuñada» dejó a todos paralizados. Vania, por su parte, se mantuvo completamente serena; Yago la observó pensativo, pero los más estupefactos fueron el director Yépez y el ministro Ximénez.

—¿El señor Mendoza conoce al esposo de la directora Zapata? —exclamó el ministro, sin poder contenerse—. Parece que después de todo sí está casada, no era una broma.

Al ver a una mujer con su hija salir únicamente acompañada por la familia de su hermano de crianza, el ministro había asumido que era una madre soltera o divorciada. Jamás imaginó que un hombre del nivel de Adrián Mendoza conociera al marido de Vania.

Al recibir las miradas atónitas de Yépez y Ximénez, Adrián se dio cuenta de que había metido la pata. Pero ya era demasiado tarde. Lo peor del asunto era que Hugo nunca había reconocido públicamente su relación con Vania. Acababa de desatar un desastre.

Adrián miró a Hugo por instinto, lo que solo sirvió para hacer más evidente su nerviosismo.

Hugo, sin embargo, no dio ninguna explicación. Saludó al ministro y al director con total naturalidad, como si la exclamación de Adrián no tuviera nada que ver con él. No obstante, le lanzó una mirada cargada de significado a Vania, esperando ver cómo manejaría la situación.

Para ella, esa mirada fue una clara advertencia. Era como si le recordara el acuerdo que tenían: no podía decirle a nadie que eran marido y mujer.

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