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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 395

—Yago, yo no estaba haciendo eso... —Vania sintió que de verdad tenía que explicarse.

—Yago pasa muy poco tiempo con mi esposa, ella tiene muchos pasatiempos que aún no conoces. Cuando tengas tiempo, podemos charlar —la voz lúgubre de Hugo resonó a espaldas de Yago.

Al verlo, Vania dio un paso atrás por instinto, y Yago, reaccionando igual de rápido, la cubrió protegiéndola detrás de él.

Ambos lo miraban con desconfianza, mientras los oscuros ojos de Hugo destellaban y su apuesto rostro mostraba una expresión aterradora.

—¿Esposa? —repitió Yago con evidente sarcasmo ante la forma en que se refería a Vania. Y lo más ridículo era que Hugo tuviera el descaro de dirigirse a él con tanta familiaridad.

—Yago, vámonos —dijo Vania, sin ganas de lidiar con Hugo.

¿Habían firmado el divorcio y todavía la llamaba esposa?

Definitivamente, la lógica de ese hombre era indescifrable.

—Legalmente seguimos casados, ¿y te vas a ir con él?

Mientras Yago y Vania se preparaban para irse, Hugo, sin inmutarse, se sentó en un sofá. Se sirvió media copa de alcohol en un vaso de cristal y le dio un sorbo con toda calma.

Luego, golpeó el fondo del vaso contra la mesa. La música ensordecedora se detuvo abruptamente y el animado bar quedó sumido en un silencio sepulcral.

Vania se quedó paralizada. ¿Acaso este hombre había vuelto a llamar a la policía?

—Señor Yáñez, deje de usar la ley para intimidar a la gente. Técnicamente, estamos separados; con quién me vaya no es asunto suyo.

Vania sentía que la actitud de ese hombre era insoportable.

Hugo, implacable, contraatacó:

—Señor Leal, ¿sabe que arruinar el matrimonio de un oficial militar puede llevarlo a una corte marcial?

La amenaza cayó como una bomba que hizo estremecer el cuerpo de Vania.

Sabía que Hugo era un cínico, pero nunca imaginó que llegaría a tales extremos.

Yago, sin perder la compostura, tomó la mano de Vania y, enfrentando la mirada inescrutable de Hugo, respondió con total serenidad:

—Señor Yáñez, Vania ahora es una hija de la familia Leal, es mi hermana de crianza. Escuché que mi cuñado sufre de disfunción eréctil, así que vine a acompañarla para que se divirtiera un rato. Después de todo, estas son cosas que deben quedar en familia, ya sabe, los trapos sucios se lavan en casa. Si eso se considera arruinar un matrimonio militar, no hay problema, vaya y demande.

Vania tuvo que hacer un esfuerzo monumental para no reírse. Había subestimado a Yago.

Siempre lo veía tan educado, amable y respetuoso, que creyó que era incapaz de insultar a nadie.

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