Vanessa, que andaba pavoneándose por los pasillos, lo escuchó y respondió con tono soberbio.
—Por supuesto que sí. La directora Cristina tuvo una junta ayer para confirmarlo. El calendario está fijo. Haz bien tu trabajo, que mientras yo esté aquí, tendrás la vida resuelta.
Benjamín pasó el resto del día fingiendo demencia mientras ayudaba a los ingenieros.
Pero cada línea de código que revisaba, cada calibración que hacían, confirmaba sus peores temores: todo era un plagio descarado del Proyecto Ánima de Vania.
La única maldita diferencia era el logo de Corporativo Alba estampado en la carcasa.
El nivel de robo lo dejó asqueado.
Aprovechando un descuido del equipo, sacó su celular y grabó videos detallados de los prototipos y las terminales.
Al terminar su turno, no fue a su casa. Salió corriendo a buscar al Profesor Zavala.
Cuando el viejo maestro vio las grabaciones, se quedó sin palabras. La traición era demasiado grande.
—Vámonos. Tenemos que ver a Vania ahora mismo.
Ambos llegaron a la mansión de la familia Leal justo cuando ella terminaba de cenar.
—Hija, prepárate para lo que vas a ver —advirtió el profesor, pasándole el celular.
Vania le dio *play* al video. Su expresión se endureció en un instante.
—¿De dónde sacaste esto?
Benjamín la miró, encogiéndose un poco, como si la culpa fuera suya.
—¿Recuerda que le mencioné a mi prima, la que trabaja en Corporativo Alba? Ella me metió como practicante hoy. Esos videos los grabé en su laboratorio privado. Los modelos de lenguaje y los algoritmos que están usando... es una copia al carbón de su trabajo, jefa.
Vania se quedó perpleja.

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