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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 456

—¡¿Qué tiene de bueno?! Si no te hubieras divorciado, pensaría que volviste a perder la cabeza por él y lo estás defendiendo.

»¡A mí no me falta el dinero, amiga! Lo que quiero es disfrutar de la vida. Estuve trabajando como esclava día y noche. Me llegaban los casos más ridículos del mundo.

»¡Hasta me contrataron para resolver la disputa de un perro robado entre unos novios que terminaron! ¿Puedes creerlo?

Natalia siguió quejándose mientras Vania se acomodaba en su sillón, acariciando suavemente su vientre.

En el fondo, Vania agradecía que Natalia estuviera ocupada, pues aún no le había contado sobre el embarazo.

Temía que a Natalia se le escapara el secreto frente a su tutor, Rodrigo Quintana, y que el rumor llegara a oídos de Hugo.

—Pero desde que se divorciaron, mi vida volvió a tener paz. Le conté a Rodrigo que ya firmaron los papeles y que la familia Leal te adoptó. Él no me creyó al principio.

»Menos mal que guardé fotos del acta de divorcio y se las mostré. Y, curiosamente, al día siguiente dejaron de llegarme casos absurdos.

»No te imaginas lo agotador que fue. Hasta soñaba con audiencias judiciales. Vania, te agradezco desde el fondo de mi corazón que hayas dejado a ese hombre. Le devolviste la paz a mi vida.

—...

Vania no encontró la forma de interrumpir su monólogo. Era casi esotérico pensar que la mala influencia de Hugo afectara hasta la carrera de abogada de Natalia.

Iba a confesarle que su divorcio no era completamente seguro y que los papeles podrían no ser válidos ante el ejército, pero al escuchar lo feliz que estaba, no tuvo corazón para arruinarle la alegría.

Natalia iba a decir algo más, pero escuchó el sonido de un motor entrando al garaje. Supo de inmediato que era Rodrigo.

Desde que Rodrigo había tenido enfrentamientos por ayudar a Vania a escapar de Hugo, él había desarrollado cierto resentimiento hacia ella.

Natalia le susurró a Vania:

—Llegó Rodrigo. Tengo que colgar.

El reloj marcaba casi las once de la noche. Rápidamente apagó la luz y fingió dormir para evitar los regaños nocturnos de su tutor.

Apenas se metió bajo las sábanas, escuchó el sonido de cristales rompiéndose en la planta baja.

Se sobresaltó. Aguantó la respiración y, tras escuchar el sonido del agua corriendo sin parar, no pudo resistir y bajó las escaleras.

En la isla de la cocina, el grifo estaba abierto a toda presión.

En la sala, Rodrigo estaba sentado en la alfombra, apoyado contra el sofá. Tenía los primeros botones de la camisa abiertos, dejando ver su pecho firme.

Un fuerte olor a alcohol impregnaba el ambiente. La cara y el cuello de Rodrigo estaban cubiertos de agua.

Su camisa oscura estaba empapada, al igual que su cabello.

Capítulo 456 1

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