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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 546

—No veo la hora de conocer a su esposa y al niño. Los asuntos del país son la máxima prioridad, no puede permitirse retrasos.

Hugo se enderezó en su silla, sin percatarse siquiera del resentimiento en la mirada de Cristina al salir.

No tenía tiempo para preocuparse por ella.

Las preguntas de Zúñiga eran un verdadero dolor de cabeza, pero ya tenía preparada su respuesta.

—Comisionado Zúñiga, ese asunto debería discutirlo con Yago Leal. Vaya e intente convencer a su hermanita para que colabore. Mi esposa prefiere llevar una vida tranquila, yo estoy lleno de responsabilidades y también tenemos niños que cuidar. Definitivamente no podrá encargarse del proyecto.

Era la primera vez que rechazaban al Comisionado Zúñiga, y la imagen que tenía de Hugo sufrió un duro golpe.

Sin embargo, conocía muy bien la posición de Hugo, así que, aunque estaba molesto, no lo demostró; con una risa fingida, intentó disipar la tensión.

—Vaya, quién diría que resulta ser un hombre tan sometido a su esposa. Proteger a la familia es muy natural. Si no quiere que su señora participe, no lo forzaré. Está bien, hablaré con Yago Leal. Pero usted sabe que este proyecto tiene una prioridad absoluta para la nación; si más adelante Corporativo Yáñez no recibe consideración, no quiero quejas, señor Yáñez.

El tono bromista de Zúñiga estaba cargado de una clara insatisfacción.

Con la relación entre Vania y Hugo tan deteriorada, ¿qué capacidad iba a tener él para convencerla de reunirse con figuras de la política?

Frente a la amenaza velada de Zúñiga, Hugo sintió molestia, pero no objetó.

—Comisionado, está exagerando. Tengo mucha fe en Grupo Nexo.

Hugo terminó la llamada, con una mirada más gélida que nunca.

Tomó su teléfono y revisó las noticias distraídamente, topándose con un artículo sobre Cristina. Los robots de compañía emocional que ella había diseñado presentaban fallas de fábrica que hasta la fecha seguían sin resolverse.

Hugo frunció el ceño al recordar cómo Cristina había entrado a su oficina dudando si hablar o no.

Pero no le dio más vueltas al asunto. Cualquier proyecto nuevo siempre presentaba contratiempos; con el tiempo y el seguimiento del servicio al cliente, los problemas irían disminuyendo.

Confiaba en que Cristina podría resolverlo, o de lo contrario, ya le habría pedido ayuda a gritos.

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