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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 582

—Vania, esto es secuestro, ¿sabes que es ilegal?

Vania la miró con frialdad:

—Estamos en la propiedad de la familia Leal. Irrumpiste en una residencia privada y amenazaste mi seguridad. Eso te daría de cinco a diez años de alojamiento y comida gratis. Todos estos años hiciste que Cherry te transfiriera mi dinero, a pesar de que no tenemos ningún vínculo comercial, ni eres familia mía para que deba mantenerte. ¿Con qué derecho me exiges dinero?

—Cada uno de esos delitos es suficiente para pudrirte en la cárcel. ¿Tú me quieres hablar de leyes? Cristina, toleré tus teatros frente a mí, pero jamás dije que toleraría que tocaras a mi familia. Tenemos muchas cuentas que ajustar. Firma.

Bajo la opresiva mirada de los guardaespaldas de la familia Leal, Cristina se dio cuenta de que cualquiera de las pruebas que Vania tenía en su contra era suficiente para destruirla.

Vania incluso le acercó su teléfono.

—¿Quieres llamar a Hugo? Adelante, puedes pedirle que pague por ti. Sin embargo, nuestros bienes aún no se han dividido por completo. Dicho esto, tendrás que devolver cada centavo y cada objeto que mi esposo te haya dado durante todos estos años.

Vania le presentó una lista de gastos impresa en hojas que formaban un fajo tan grueso como un libro.

—Míralo bien. Todo está aquí, desde antigüedades hasta toallas femeninas y cortaúñas. Si un solo centavo salió del bolsillo de mi esposo, Hugo Yáñez, o me devuelves los objetos intactos según su marca, o pagas su valor exacto.

Cristina no tuvo más remedio que tomar el documento. Con solo ojear un par de páginas, casi se desmaya de la rabia.

Allí estaba una lista interminable de objetos que ni siquiera ella recordaba. No tenía idea de cómo Vania había conseguido los recibos de compra, pero cada fecha y lugar estaban detallados a la perfección.

Con solo un vistazo, su presión arterial se disparó.

—¿Qué derecho tienes, Vania?

Cristina no tuvo oportunidad de continuar.

—Tal vez no pueda decidir por la familia Yáñez, pero sí por Hugo Yáñez. Ese es mi derecho. Firma.

Cristina sabía que, si no firmaba, no saldría viva de la propiedad de los Leal. Por supuesto, tampoco se atrevía a llamar a Hugo frente a Vania.

Quién sabía qué pasaba por la mente de esa mujer; le aterraba que Vania usara eso en su contra.

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