—La última vez me preguntaste qué regalo quería Xavier para su cumpleaños. Me gustaría pedirte algo.
Hugo dejó a un lado los documentos que estaba revisando y acarició suavemente el contorno de su pluma con el pulgar.
—¿Mhm?
Cristina se mordió ligeramente el labio inferior.
—Me enteré de que adquiriste el cinco por ciento de las acciones de Empresas Zapata. Quería saber si... podrías dármelas a mí. Quiero decir, ponerlas a nombre de Xavier.
Hugo no esperaba que Cristina le pidiera semejante cosa, ni se molestó en preguntarle cómo se había enterado.
Ella se apresuró a justificarse:
—Sé que Empresas Zapata es el legado de la familia de mi hermana, pero ese tal Pablo Zapata es un adicto a las apuestas. Si la empresa sigue en sus manos, terminará llevándola a la ruina.
Tal vez mi hermana tenga algo de talento, pero no sirve para los negocios, solo entiende de tecnología. Mi madre fue parte de la familia Zapata. Si no hubiera sido porque mi madre tomó parte de los bienes y se casó con mi padre tras la muerte del papá de mi hermana, probablemente lo habrían perdido todo hace mucho tiempo.
Hugo, para proteger lo que queda de la familia Zapata, creo que lo mejor es poner esas acciones a nombre de Xavier. Estoy segura de que a mi madre le hará muy feliz.
El tono de Cristina sonaba tan conmovedor y sincero que Hugo se quedó en silencio durante mucho tiempo. Pasaron tantos segundos que Cristina empezó a angustiarse, creyendo que la rechazaría.
Medio minuto después, la voz de Hugo finalmente resonó al otro lado de la línea.
—Lo pensaré.
Cristina dejó escapar un largo suspiro de alivio.
Colgó satisfecha.
Vania esperó durante tres días enteros a que Hugo firmara los papeles de transferencia de las acciones.
Al verlo en casa, no quiso parecer ansiosa y no le preguntó directamente.
Como no hubo ninguna novedad en dos días, pensó que él estaba ocupado o se le había olvidado.
Hasta que Corporativo Alba envió representantes a su empresa para discutir una colaboración.
En esta ocasión, Cristina llegó sola; Hugo no hizo acto de presencia.
El proyecto avanzó sin contratiempos. Cristina resolvió por sí misma las cláusulas modificadas y corrigió los puntos conflictivos.
Su desempeño logró ganarse la aprobación de varios altos ejecutivos de la compañía de Vania.
Como directora técnica, Vania escuchó la mayor parte de las opiniones, organizó sus documentos y se dispuso a regresar a su oficina.
Apenas había dado dos pasos cuando Cristina la llamó de repente.
—¿Sigues esperando los papeles de las acciones de Hugo?
La frase salió de la nada. Vania se dio la vuelta. Cuando sus miradas se cruzaron, Cristina la observó desde arriba, burlándose de su ingenuidad.
—¿A qué te refieres?
A Vania no le sorprendió que Cristina supiera sobre las acciones.
Al fin y al cabo, ella y Hugo no se ocultaban nada.
—Te sugiero que dejes de esperar. Hugo ya aceptó transferir ese cinco por ciento a nombre de Xavier. De hecho, Vania, deberías agradecerme por haberte ayudado a salvar a tu familia. Ese tío tuyo es un ludópata empedernido, la empresa terminará destruida en sus manos tarde o temprano.
Al ponerlas a nombre de Xavier, pasan a ser administradas por la familia Yáñez. Eso solo traerá beneficios para Empresas Zapata. No te preocupes, como eres mi hermana, si la empresa llega a dar ganancias, no me importará darte una miseria de los dividendos.
A través de los cristales de la oficina, los empleados veían que Cristina y Vania discutían sobre algo.
Solo notaron que, cuando Cristina se marchó, el rostro de la directora Zapata palideció de furia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama