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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 595

A Hugo se le hizo un nudo en el pecho, sintiendo que le faltaba el aire.

—¿Me estás diciendo que no te interesa y que no te importa en absoluto?

Vania apartó con elegancia un mechón de cabello detrás de su oreja y le regaló una sonrisa deslumbrante.

—Exactamente. Dígame, ¿para qué necesito saber de esas basuras del pasado? ¿Y qué tienen que ver Lunita y Dave con usted, Comandante? Si no me falla la memoria, la mujer que a usted le importa se llama Cristina Figueroa, y el hijo de ambos es Xavier. Si tiene tanto tiempo libre, vaya y preocúpese por el hijo que le salió de a gratis. No me interesa saber nada de lo que pasó con usted.

»Esa mujer no era yo, se equivocó de persona. Le sugiero que haga los trámites para que la organización venga a hacer la visita domiciliaria de una vez; nuestro matrimonio debió haber terminado hace mucho.

»Le pido que de ahora en adelante ponga toda su energía en el trabajo y deje de molestarme con estas tonterías.

Dicho esto, Vania dio media vuelta para marcharse.

De repente, la voz de Hugo la detuvo.

—¿De verdad tienes tantas ganas de terminar conmigo?

Vania lo miró como si fuera un chiste.

—¿Acaso no lo he dejado suficientemente claro, o el Comandante sigue creyendo que me estoy haciendo la difícil para llamar su atención?

Estaba a punto de dejarlo hablando solo cuando el tono de Hugo se volvió sombrío, casi amenazante.

—Bien. Acepto. Si le aclaramos a la organización que nuestra relación está completamente rota, nadie te obligará a seguir siendo la señora Yáñez.

Vania lo miró con sorpresa y luego con profundo sarcasmo.

Aunque no sentía nada por él, en términos biológicos seguía siendo el padre de sus hijos.

Aun así, no pudo evitar morder el anzuelo.

—¿Señora Yáñez? ¿Que no esa es Cristina? Me da risa que me ponga esa etiqueta a mí.

»Tranquilo, Comandante, sé perfectamente que no cualquiera puede entrar a la prestigiosa familia Yáñez. Pero todo tiene su excepción: por muy alto que sea su muro, no todos queremos treparlo. Por ejemplo, yo.

Esta vez estaba realmente furiosa.

Se abrazó a sí misma, con su hermoso ceño ligeramente fruncido.

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