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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 611

Hugo no dijo nada, pero Mateo Quintanilla e Iker Uribe voltearon a ver a Adrián al mismo tiempo.

Justo cuando Hugo entró al recinto, Iker le hizo una pregunta repentina a Adrián:

—¿Cómo van las acciones del Corporativo Alba últimamente?

Adrián, que acababa de regresar del extranjero y todavía lidiaba con el cambio de horario, respondió lleno de confianza:

—No las he revisado, pero seguro están como para darles envidia. Cuando salieron a bolsa a más de cien, ustedes no lograron comprar, ¿verdad? Bueno, ahora es imposible conseguirlas. Voy a buscar a Cristina, ustedes adelántense.

Adrián había divisado la camioneta de Cristina.

Mateo se quedó perplejo y miró a Iker.

—¿Acaso se volvió loco por el dinero? ¿No sabe que suspendieron la cotización del Corporativo Alba?

Iker suspiró con un toque de lástima.

—Eso fue apenas anteayer. Lo más seguro es que desde que compró las acciones ni siquiera haya abierto la aplicación de inversiones. Para él, Cristina es como una diosa intocable. No hay por qué sentir pena por él.

Mateo negó con la cabeza, resignado.

Darle lástima no serviría de nada.

Adrián probablemente aún no sabía que las acciones que compró estaban a punto de ser expulsadas del mercado.

Mateo e Iker vieron cómo Adrián se apresuraba a recibir a Cristina al bajar de su lujosa camioneta, tomando el lugar que le correspondía a Hugo.

Ambos pusieron los ojos en blanco y, sin esperar a Adrián, fueron a buscar a Hugo.

Finalmente, Adrián encontró los asientos donde estaban Hugo y Mateo. Cristina llevaba varios días sin ver a Hugo y, aunque se sentía ofendida, mantuvo la compostura. Se acercó como si nada hubiera pasado y se sentó a su lado.

—Hu...

Estuvo a punto de llamarlo por su nombre, pero recordó la estricta advertencia: debía llamarlo Cuñado o señor Yáñez.

Bajó la mirada y murmuró en voz baja:

—Cuñado.

Por suerte, la atención de Adrián y los demás estaba centrada en el escenario, así que nadie notó el cambio en la forma en que se dirigía a él.

Hugo le lanzó una mirada gélida y, sin decir una palabra, emitió un leve sonido de reconocimiento antes de volver la vista al frente.

Tal como había ocurrido en los últimos eventos del sector tecnológico, llenos de magnates y figuras clave, el premio a la personalidad del año estaba destinado a llevar el nombre de Vania.

Cristina se consumía de envidia mientras escuchaba a los presentadores anunciar el programa. El cierre del evento, el discurso más importante, estaría a cargo de Vania.

Habían invitado a numerosos expertos nacionales e internacionales para hablar sobre inteligencia artificial, pero las cuestiones más complejas y profundas se las habían dejado a ella.

Mateo comentó con tono relajado:

—Hay que reconocer que Vania tiene mucho talento.

Adrián resopló.

—Solo ustedes se creen ese cuento. Los Leal no son ningunos novatos; con el respaldo de las altas esferas del gobierno, cualquiera puede llegar a la cima.

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