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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 504

Renato Leal se quedó petrificado en las escaleras. Hugo se dio la vuelta y clavó su mirada en él.

Sin alterarse, habló con frialdad.

—¿Dónde están mi esposa y mi hijo?

Renato Leal tampoco era alguien que se dejara pisotear. Captó de inmediato que Hugo había dicho "hijo" y no "hija".

Esto significaba que la situación era mucho más grave.

¿Hugo ya lo sabía?

—¿Viene a provocar un altercado en la casa de la familia Leal, señor Yáñez?

Las facciones de Renato irradiaban autoridad y rectitud, y su voz firme denotaba sus años de disciplina militar.

Los ojos de Hugo se oscurecieron aún más. La advertencia de Renato no le inmutó en lo absoluto.

Volvió a sentarse en el sofá, jugando con un encendedor metálico que producía un agudo y frío clic con cada movimiento.

—Señor Leal, yo no soy el que está buscando problemas. Vania es mi esposa. Retenerla en esta casa sin mi consentimiento, separándome de mi familia, me da todo el derecho, legal y moral, de llevármela ahora mismo.

—Además, Vania y yo estamos amparados por las regulaciones del fuero militar. Si siguen impidiendo que vea a mi familia, los cargos que enfrentará la familia Leal serán desastrosos. No me opongo a que vengan de visita si tanto los aprecian.

—Pero con su actitud de hoy, tengo motivos suficientes para sospechar que la tienen bajo arresto domiciliario o secuestro. No creo que los Leal quieran arruinar su reputación de toda la vida por un capricho como este.

Más que una negociación, las palabras de Hugo fueron una amenaza directa y letal.

Arriba, Vania y la señora Leal no perdían detalle de la conversación.

Al escuchar las palabras de Hugo, Vania palideció.

—¿Qué quiere decir con eso?

El rostro de la señora Leal también se tornó sombrío.

Tras dudar un segundo, decidió ser honesta con Vania.

—Vania, mientras no quieras irte, nadie te obligará. Pero el poder del señor Yáñez...

La señora Leal dejó la frase en el aire.

Vania lo entendió de inmediato.

—La influencia de Hugo supera por mucho a la de la familia Leal, ¿verdad? Él es...

La señora Leal le tomó las manos, impidiéndole seguir hablando.

Pero la confirmación en sus ojos fue como un balde de agua helada para Vania.

—Para ser honesta, ni siquiera nosotros conocemos el alcance total de su poder, pero es un hecho que es alguien a quien nadie quiere tener de enemigo.

Vania comprendió la gravedad del asunto.

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