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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 503

Don Zacarías lo esperaba en la sala principal, vestido con un elegante traje tradicional.

Hugo se ajustó el saco y entró con paso firme.

—Señor Yáñez, ¿tan temprano por aquí?

Don Zacarías frunció el ceño. Hugo jamás había pisado esa casa, ni siquiera cuando la familia Leal adoptó a Vania como hija de crianza, un acto que claramente le había desagradado.

Hugo fue directo al grano, manteniendo un tono de respeto básico hacia el anciano patriarca.

—Don Zacarías, he venido a llevarme a mi esposa y a mi hija a casa.

Hugo se mantuvo de pie, erguido e imponente. Sin rodeos, sin sutilezas y sin tantear el terreno.

El anciano golpeó suavemente el suelo con su bastón y esbozó una sonrisa burlona.

—Señor Yáñez, debe estar bromeando. A mi edad ya casi no salgo de casa y mucho menos me entero de los enredos de los jóvenes. El Corporativo Alba está en su apogeo y su estatus es indudablemente superior al de antes.

—Perdone mi ignorancia, pero no tenía la menor idea de que usted estuviera casado y tuviera familia.

Con una sola frase, don Zacarías logró que el rostro de Hugo se ensombreciera.

Hugo sabía perfectamente que el anciano se estaba burlando de él. Aunque su expresión se endureció, no perdió los estribos, y sin esperar invitación, tomó asiento frente a don Zacarías.

—No bromee conmigo, don Zacarías. Sé que Vania y Luna han estado abusando de su hospitalidad estos días. Vania y yo tuvimos un pequeño malentendido, las típicas discusiones de pareja.

—Han estado mucho tiempo bajo su techo, y por supuesto me encargaré de ofrecerles una generosa compensación económica. Por favor, pídale a mi mujer y a mi hija que bajen. Las esperaré aquí.

Don Zacarías soltó una carcajada seca, pero sus ojos destilaban frialdad y desprecio.

—Señor Yáñez, me parece que está adoptando una actitud bastante descarada en mi propia casa. Vania es una mujer maravillosa y, como bien sabe, es la hija de crianza de los Leal.

—Sin embargo, esa dulce niña jamás me ha mencionado estar casada, ni Luna ha dicho una sola palabra sobre tener un papá. Señor Yáñez, me temo que se ha equivocado de dirección.

Don Zacarías no paraba de lanzarle indirectas y sarcasmos, y Hugo captaba cada uno de ellos.

Pero en ese momento necesitaba de su cooperación, así que se tragó su orgullo y respondió con voz profunda.

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