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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 658

Ahora que su esposa se había convertido en su exmujer y ni siquiera le permitía estar con sus hijos, ahí estaba él, tragándose su orgullo y arrastrándose para buscar su perdón. Los criados no sabían si sentir lástima por él o pensar que tenía su merecido.

Pero, al final del día, el señor Yáñez siempre los había tratado con respeto y las propinas eran excelentes.

Lamentablemente, como simples empleados, no tenían voz ni voto. Solo podían guardarse el dinero y lamentar su suerte en silencio.

Hugo, al notar las miradas compasivas y los cuchicheos del personal, frunció el ceño y finalmente se puso de pie.

—¿Estoy interrumpiendo su trabajo?

Al menos era consciente de su entorno.

Los criados agitaron las manos apresuradamente.

—¡Para nada, señor Yáñez! Puede sentarse el tiempo que desee, no es ninguna molestia.

Aparte de dejarle la silla a su disposición, sentían que no podían hacer mucho más, aunque un par de ellos le hicieron discretos gestos de ánimo con los puños.

Hugo se quedó sin palabras.

Esa noche, cuando Vania se fue a descansar, ya no pensó más en las palabras de Hugo.

Terminó de revisar los datos pendientes del proyecto y se preparó para dormir.

A mitad de la noche, sumida en la inconsciencia, comenzó a escuchar ruidos apagados y gritos de auxilio que parecían acercarse cada vez más.

—¡Vania, abre la puerta!

Se despertó tosiendo sin control. Voces desesperadas resonaban al otro lado, mientras un humo negro y asfixiante se colaba agresivamente por debajo de la puerta. Volvió a toser con fuerza. Alguien estaba embistiendo la puerta repetidas veces. Vania saltó de la cama y corrió a girar la manija, pero el metal le quemó la piel al instante.

—¡No puedo abrirla, está demasiado caliente!

Instintivamente miró por la ventana. Abajo, los empleados intentaban frenéticamente conectar mangueras para lanzar agua desde el jardín. Afuera había un infierno de llamas. El fuego estaba devorando la primera planta y amenazaba con tragar su habitación en cualquier segundo.

El pánico la paralizó. Davisito... su bebé había dormido con la niñera esta noche. Con un incendio de esta magnitud... ¡su hijo!

—¡Sálvenlo a él, salven a Dave!

Tosió violentamente, con los ojos anegados en lágrimas por el humo. Al no escuchar respuesta desde el interior, los que estaban afuera gritaron de nuevo. Vania reconoció la voz de Hugo, y también la de Yago.

—¡La manija está ardiendo, no puedo tocarla! —gritó entre sollozos.

De repente, la puerta cedió con un estruendo sordo.

Una figura imponente irrumpió a través de la densa cortina de humo. Con la visión completamente borrosa, Vania solo sintió unas manos fuertes agarrando sus brazos y cargándola sobre un hombro.

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