Si no fuera porque el señor Leal ordenó a los empleados que sujetaran a Vania con todas sus fuerzas, ella se habría lanzado al fuego. Poco después, Yara y Yago lograron salir con la pequeña Lunita a salvo. Al ver que Vania seguía luchando histéricamente por entrar al edificio en llamas para buscar a su hijo, Yara no tuvo más remedio que noquearla de un golpe.
—¿Y Dave? ¿Sigue ahí adentro?
La señora Leal, temblando, se dio cuenta de que todos habían salido, a excepción de Hugo y el pequeño Davisito. La casona estaba destruida, pero, hasta el momento, no había pérdidas humanas.
—Dave sigue adentro... —murmuró la señora Leal con la voz entrecortada—, y el señor Yáñez no ha salido.
El fuego se volvía cada vez más incontrolable justo cuando llegaron los camiones de bomberos.
La antigua Casona Leal no tenía estructuras de acero ni concreto; todo era de madera. Un incendio significaba una destrucción absoluta.
Ya nadie se atrevía a acercarse. Los bomberos usaban mangueras de alta presión, luchando a brazo partido contra las llamas. Finalmente, Hugo emergió del infierno.
Pero traía las manos vacías.
Al verlo, la señora Leal no soportó el golpe y se desmayó en el acto.
Renato Leal la sostuvo justo a tiempo, pero su propio cuerpo temblaba.
Yago le entregó la pequeña Lunita a Yara. Con los ojos inyectados en sangre y la voz rasposa, miró a Hugo.
—¿Dónde está Dave?
Hugo era, quizás, el más estoico de todos los presentes.
Vania había recobrado el conocimiento minutos atrás. Al levantarse y ver a Hugo sin su bebé, sacó fuerzas de donde no las tenía, corrió hacia él y lo agarró de la camisa.
—¡Hugo, ¿dónde está mi hijo?! ¡¿Dónde está Dave?!
Hugo bajó la mirada y entreabrió los labios para hablar, pero Vania le cruzó el rostro con una bofetada resonante.
Tenía los ojos enrojecidos, cargados de un odio tan profundo que parecía querer matarlo ahí mismo.
—¿Por qué tienes que seguirme como una sombra maldita? ¡No soy tu esposa, y Lunita y Dave no son tus hijos! Antes de que llegaras, mis padrinos y yo vivíamos en paz, éramos felices. ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¡Y la casa se incendia! Dime si mi bebé está muerto... ¡Dímelo! ¡Devuélveme a mi hijo!
Durante esos cinco años de pesadilla, Hugo había visto a Vania perder la razón innumerables veces.
Debería estar acostumbrado.
Pero esta vez, su locura no era culpa de él.
Al escuchar los gritos desgarradores de Vania, a todos se les llenaron los ojos de lágrimas.
Si ellos, que no eran de su sangre, estaban llorando, el dolor de una madre era inimaginable.
—¡Respóndeme! ¿Dónde está mi bebé? ¡Devuélveme a mi hijo!
Vania comenzó a golpear el pecho de Hugo con desesperación. Lunita, asustada, lloraba sin parar. La señora Leal, apenas recobrando la consciencia, abrazó a la niña con el corazón roto. Con su vocecita temblorosa, Lunita preguntó:
—Abuela, ¿mi hermanito se murió?
La señora Leal le cubrió suavemente la boca y negó con la cabeza.
—No digas eso, mi amor. No pienses en tonterías.
Yago quiso intervenir para defender un poco a Hugo, pero tenía la garganta tan reseca que no pudo emitir ningún sonido.
Hugo tomó las manos de Vania para detener los golpes. Su voz sonó sorprendentemente suave:
—Entré varias veces, pero no vi a Dave. No creo que esté ahí adentro, te lo aseguro.
Vania finalmente dejó de forcejear, pero la desconfianza seguía grabada en sus ojos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...