Con el tiempo, ambos habían aprendido a conocer sus caracteres, a ceder y a comprender que amar y ser amado requiere tolerancia, sacrificio y muchísima empatía.
El amor no era como una fórmula matemática; no era tan simple como decir que uno más uno son dos.
Yago sintió un vuelco en el corazón. Miró a Vania y, casi sin darse cuenta, dio un paso hacia ella. Las palabras de su madre también habían sembrado la semilla de la duda en su interior.
Cualquiera con dos dedos de frente podía adivinar lo que Vania estaba pensando.
La Oficial Quiroz, manteniendo ese tono helado que la caracterizaba, habló con una frialdad que parecía inclinar la balanza a favor de Hugo.
—Hasta cierto punto, el señor Yáñez no es tan despiadado ni tan ruin como te lo imaginas.
Yago soltó una respuesta a la defensiva de inmediato. No es que desconfiara de Yara; era solo que, verla defender a Hugo con tanta convicción, le despertó un irracional e intenso ataque de celos.
Vania no estaba del lado de Hugo, y por el contrario, él siempre había deseado que esa pareja arreglara sus diferencias.
Antes, Yago creía firmemente que amar a alguien significaba desear su felicidad, incluso si eso implicaba hacerse a un lado. Por eso, al ver a Vania sufrir, llegó a pensar en actuar como cupido para que ella y Hugo volvieran a estar juntos.
Pero cuando se trataba de Yara, el sabor en su boca era muy amargo.
Yago había creído que lo suyo con Vania fue amor a primera vista.
Sin embargo, tras conocer a Yara, entendió que lo que sentía por Vania era solo admiración y cariño, una compasión protectora; el instinto del fuerte queriendo escudar al débil.
Con Yara, en cambio, los instintos de Yago eran puramente los de un hombre. Quería arrancar esa coraza de hielo que la envolvía, explorar los rincones más oscuros de su mente y descubrir qué era lo que realmente pensaba.
Cuando un hombre siente verdadera curiosidad por una mujer, es ahí donde nace el amor real.
Lo que sentía por Vania y lo que sentía por Yara eran dos mundos completamente distintos.
Bastó que Yara dijera media palabra a favor de Hugo para que Yago sintiera el impulso de arrojarse a un abismo junto con él.
—¿Ah, sí? ¿Y tú cómo estás tan segura? —escupió Yago, sus palabras volviéndose afiladas por culpa de los celos.
El señor y la señora Leal fruncieron el ceño al mismo tiempo. ¿Qué mosca le había picado a su hijo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...