El hombre sabía que Hugo seguía escuchando y que la llamada no se había cortado.
Soltó una carcajada, sintiéndose intocable.
—Ya escuchaste. Mil millones, y no acepto ni un centavo menos. Hermano, tú y yo no somos tan distintos.
»A ti te contrataron como el marido falso para taparle las vergüenzas al hijo de los Leal, ¿verdad?
»He escuchado que ese señor Leal es un monstruo para los negocios, pero que con las mujeres no da una. Este chiquillo... ¿lo tuviste tú con esa tal Zapata para taparle el ojo al macho?
—Taparle el ojo al macho —repitió Hugo, remarcando cada sílaba con una lentitud letal.
—¿Acaso el señor Leal no puede tener hijos y dejaron que la mujer se acostara contigo para usar tu semilla? Seguro no estás nada contento con el trato. Dime la verdad, ¿cuánto te pagan los Leal? Mi mujer dice que no eres feo, que estás bien armado y que tienes madera.
»¿Por qué mejor no te vienes a trabajar conmigo? Te presento a unas cuantas mujeres ricas; tú te encargas de preñarlas, yo me encargo de los secuestros. Si nos asociamos, nos volvemos millonarios en un parpadeo.
Hugo apretó el celular, con la mirada ensombrecida, pero arrastró las palabras para ganar tiempo.
—Oh, ¿y cuál es su plan, jefe?
Su teléfono estaba enlazado al sistema de rastreo de la policía. Necesitaba que el secuestrador hablara lo suficiente para triangular su ubicación exacta.
No se sabía si el hombre era un completo imbécil, si la adrenalina lo tenía eufórico o si simplemente era demasiado arrogante, asumiendo que una familia de élite como los Leal valoraba más la vida humana que el dinero.
Creía que mientras la persona estuviera a salvo, no les importaría cuánto tuvieran que pagar.
Y de hecho, el señor y la señora Leal pensaban exactamente así.
—Ya te lo dije, vente a trabajar conmigo, ¿qué dices? Oportunidades como esta no se presentan dos veces. Eso sí, cuentas claras amistades largas: a mi mujer ni me la mires.
»No hay que ser traicionero. Cuando tengamos plata, podremos codearnos con la alta sociedad, conocer a los peces gordos y hacer aún más dinero. Esa gente de clase alta tiene tanta plata que no sabe en qué gastarla; les alcanza para varias vidas. Si caen en mis manos, yo les ayudo a vaciarles los bolsillos.
El hombre soltó otra carcajada, fascinado con su propio ingenio.
Julia, sin embargo, seguía alerta. Era la primera vez que se metía en algo así y no tenía la sangre fría de su marido.
En el fondo, una inquietud la carcomía.
Sentía que el millón y pico que había sacado ya era una fortuna. Si pedían más, dudaba mucho que la señora Leal accediera; y sus temores no eran infundados.
Intentó advertirle a su marido, pero él la ignoró por completo.
Le dijo que era una cobarde y le había ordenado que prendiera fuego a la casa antes de llevarse al niño.
Ya que estaban metidos en el fango, mejor hacer algo a lo grande.
—Me parece perfecto, pero ¿cómo nos ponemos en contacto? —preguntó Hugo.
Al mencionar un encuentro, el hombre se puso alerta de inmediato.
—Eso dependerá de qué tan leal me seas. Tómate este trabajo como tu prueba de iniciación. Cuando el dinero esté en mis manos te doy cien mil de comisión, y a partir de ahí trabajas para mí. De todo lo que saquemos, yo me quedo con el noventa y nueve por ciento, y el resto será tu tajada. ¿Qué te parece?
Hugo pensó que, además de todo, el tipo no era tan tonto, pero trataba a los demás como si fueran idiotas.
Si él se quedaba con el noventa y nueve por ciento, solo alguien sin cerebro aceptaría ser su subordinado bajo esos términos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...