Yara seguía sin entender.
No comprendía por qué, si Vania iba a buscar a Hugo, ella no podía acompañarla.
—Quiero ir a protegerla, señor Leal. Por favor, hágase a un lado.
Yara empezaba a encontrar a Yago un poco irritante. Odiaba que alguien interrumpiera sus planes mientras trabajaba.
Yago no sabía si ella de verdad no entendía o si solo se hacía la tonta. Desesperado, soltó:
—Oficial Quiroz, ¿acaso nunca ha tenido pareja?
Esta vez, Yara sí se molestó. Con el rostro enrojecido por la indignación, respondió:
—Esa es mi vida privada y no tengo por qué darle explicaciones.
Yago sintió una profunda impotencia.
—Señorita, no estoy intentando meterme en su vida. Solo le digo que, si el señor Yáñez y Vania llegan a tener algún momento íntimo esta noche, ¿no cree que usted estaría sobrando ahí?
Más directo no podía ser. Seguramente ahora sí lo entendería.
—¿Está diciendo que la señorita Zapata podría incendiar la casa del señor Yáñez? —preguntó Yara con seriedad—. Entonces con mayor razón no puedo permitirlo.
Yago se arrepintió de haber hablado. Realmente le gustaba Yara, pero empezó a preguntarse si, en caso de tener hijos en el futuro, heredarían esa falta de sentido común.
—No me refiero a eso, hablo de intimidad entre un hombre y una mujer —ya no sabía cómo explicarlo.
El rostro de Yara pasó de la palidez al rojo vivo, y luego volvió a palidecer. Retrocedió lentamente y sacó su teléfono para llamar a Vania.
—Señorita Zapata, estaré a su disposición. Llámeme si me necesita.
Yago por fin respiró aliviado. Menos mal que al menos entendía el español.
Yara dio unos pasos para irse, pero luego se detuvo y regresó.
—Señor Leal, creo que se preocupa demasiado.
Lo miró fijamente por unos segundos y añadió:
—Usted no siente ese tipo de amor romántico por la señorita Zapata, y ella tampoco está interesada en usted, ¿verdad?
Yago se quedó sin palabras. Al principio pensó que Yara se estaba vengando por su comentario anterior. Pero luego ella añadió con total seriedad:
—No conoce en absoluto a la señorita Zapata. Ella jamás volvería con el señor Yáñez.
Si fuera a hacerlo, Hugo no se habría tomado tantas molestias en contratar a Yara para seducir a Yago e intentar destruir el vínculo entre él y Vania. Durante el tiempo que llevaban conviviendo, Yara se había dado cuenta de que la situación no era como Hugo imaginaba. Ella misma no sentía gran cosa por Yago, así que simplemente dejó que las cosas fluyeran.
Yago no supo qué responder. ¿Acaso estaba compitiendo con ella por eso? Al final, Yara no fue tras Vania.
Con el ego profundamente herido, Yago regresó a su habitación con el ánimo por los suelos.
—¿Qué te pasa? —preguntó la señora Leal, extrañada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...