—Por cierto, hay otra opción. Si quieres, puedes rentar una habitación. Firma esto. Acepto pagos mensuales o anuales. Son tres millones al año.
Antes de que Hugo pudiera responder, la puerta se cerró de golpe otra vez.
El contrato cayó suavemente al suelo.
Eran tres páginas repletas de cláusulas escritas en una letra diminuta. Hugo no tenía la menor intención de leerlo. Estuvo a punto de tirarlo a la basura, pero tras pensarlo un segundo, lo recogió.
Miguel, que estaba de pie a un lado, luchaba por contener una carcajada.
—Bolígrafo —exigió Hugo.
Miguel se quedó pasmado un instante antes de tenderle una pluma.
Al ver a Hugo firmar en la línea final, la comisura de los labios de Miguel tembló.
¿De verdad este era el imponente señor Yáñez que él conocía?
—Toca la puerta.
Hugo miró a Miguel, y este se señaló la nariz. ¿Él tenía que tocar?
Bajo la intensa mirada de su jefe, Miguel no tuvo más remedio que obedecer.
Vania abrió la puerta. Al ver que era Miguel, su expresión fría se suavizó un poco. Sin embargo, antes de que pudiera decir una palabra, Hugo dio un paso y se metió a la casa.
Puso el contrato firmado frente a Vania.
—Ya está firmado. ¿Cuál es mi habitación?
El cerebro de Miguel trabajó a toda velocidad.
—Señora, ya dejé al señor Yáñez. Me retiro.
Y desapareció en la oscuridad de la noche a una velocidad impresionante.
Vania se quedó sin palabras.
Hugo se sentó en el sofá con toda la calma del mundo, mirándola como si no hubiera roto un plato.
—Directora Zapata, ¿alguna otra orden? No me diga que ahora me va a contratar como empleado de seguridad para cuidar la casa.
Vania sonrió de lado. No era mala idea. Un padre biológico siempre sería más confiable que un extraño.
—Luna necesita que alguien la lleve y la recoja de la escuela todos los días. Yo voy a estar en la base y no tendré tiempo.
Hugo asintió.
—Yo me encargo. Puedo dejar a la niña y luego ir a la base. No hay problema.
Vania lo miró con recelo.
—Davis apenas tiene un año. No puede quedarse solo.
En realidad, su objetivo era dejar a Hugo atrapado en la casa. Lo ideal sería que ni siquiera se apareciera por la base militar para no verle la cara. Aparte de los asuntos de trabajo, él siempre aprovechaba cualquier descuido para propasarse con ella. Y Vania no podía andar golpeándolo en público a cada rato.
Hugo asintió de nuevo.
—De acuerdo, sin problema.
¿Qué?
¿Tan rápido aceptaba?
¿De verdad no iba a ir a la base?
—Entonces, ¿hay alguna otra instrucción, Directora Zapata? Si no, me voy a dormir. Mañana tengo que trabajar.
Hugo hizo el amago de subir las escaleras.
Vania lo observó, sintiendo que estaba siendo demasiado dócil. Era sospechoso.
—La habitación en la que me voy a quedar no tiene baño privado. Seguramente tendré que usar el de tu cuarto más tarde. No tienes problema con eso, ¿verdad?
Vania soltó un bufido frío, cruzándose de brazos mientras lo miraba con hostilidad.
—Por supuesto que no.
Hugo asintió y desapareció en la parte superior de las escaleras.
Vania tomó su bolso y, sin dudarlo ni un segundo, se subió a su auto, giró a la derecha y se marchó.
Hugo tomó su ropa y fue a la habitación principal. La villa entera estaba sumida en un silencio absoluto. De pronto, escuchó el motor de un auto en el jardín.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...