Yago soltó bruscamente la muñeca de Elena. Por el simple hecho de ser la madre biológica de Vania, contuvo su fuerza, pero su rechazo fue evidente.
Se interpuso entre ella y Vania, escudándola con su cuerpo. Su mirada se clavó en Elena, fría como el hielo, y su voz, profunda e implacable, resonó en el lugar.
—Señora Figueroa, esto es un corporativo, no un circo para que venga a montar sus rabietas.
Al ver que Yago estaba completamente dispuesto a proteger a Vania, el rostro de Elena perdió todo su color. Los labios le temblaban de furia, incapaz de articular una sola palabra.
Vania miró la espalda de Yago, quien se erguía frente a ella como un escudo. Un breve destello de calidez cruzó su mirada.
Pero enseguida, la frialdad habitual regresó a sus ojos. Levantó la mano, rozó suavemente la manga del traje de Yago y murmuró:
—Yago, estoy bien.
Él se giró a verla, y la dureza de sus facciones se desvaneció de inmediato, reemplazada por una suavidad innegable.
—Te acompaño a tu oficina.
Tras decir eso, volvió a encarar a Elena. Su tono volvió a ser cortante como una navaja.
—Señora Figueroa, si tiene algún reclamo, le sugiero que primero investigue cómo ocurrieron realmente las cosas. Hoy no tomaré medidas en su contra, únicamente por respeto a Vania.
La cara de Elena se encendió de un rojo furioso. Seguía convencida de que Vania le había lavado el cerebro a Yago. Si dejaba pasar esta oportunidad, jamás podría desenmascararla.
—Señor Leal, usted no entiende nada... —insistió.
Yago ya no tenía la menor intención de escucharla.
Elena quiso seguir hablando, pero una voz gélida a sus espaldas le heló la sangre en las venas.
—¿Qué es exactamente lo que el señor Leal necesita entender? Como su esposo, ¿no creen que yo también tengo derecho a saberlo?
Hugo Yáñez apareció en el vestíbulo, llevando al pequeño Davisito en brazos.
Al verlo, Vania sintió que el alma se le caía a los pies.
Elena, por su parte, se quedó petrificada.
¿Hugo? ¿Qué hacía él ahí?
Y el bebé que llevaba en los brazos...
¿Era el hijo de Vania?
¿O acaso era hijo de Vania y Yago?
La mente de Elena era un caos. Al ver a dos hombres de semejante nivel protegiendo a Vania con uñas y dientes, sintió que iba a enloquecer.
Su Cristina... ¿No se suponía que Hugo estaba locamente enamorado de Cristina?
—Yerno —soltó Elena, incapaz de contenerse, mientras le lanzaba a Vania una mirada envenenada, deseando verla muerta.
Hugo la barrió con la mirada, con una indiferencia pasmosa.
En su rostro no había el menor rastro de emoción.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...