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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 679

—¡Eres una malagradecida!

Elena dio un paso al frente, apuntando con el dedo casi hasta rozar la nariz de Vania.

—¿Acaso no sabes lo que has hecho? Hoy le voy a demostrar a todos qué clase de víbora eres. Para los que no lo sepan, Cristina Figueroa, la señora Yáñez, es la hermana de esta mujer.

La voz de Elena retumbaba en el vestíbulo.

—¡Y su propia hermana le destruyó la reputación y la vida! Arruinó a su padrastro y a mí, su propia madre. La familia Yáñez nos ha dado la espalda y Cristina está atrapada en el extranjero, arrinconada por culpa tuya. ¿Te crees muy lista? Crees que por ponerte un traje bonito y sentarte en una oficina de vicepresidencia la gente no se va a dar cuenta de tus bajezas.

Los ojos de Elena estaban inyectados en sangre. Su respiración era errática, pero al ver que más gente se reunía a su alrededor, sintió que estaba logrando su objetivo.

—¿Estás feliz ahora que tu hermana podría morirse lejos de casa? ¿Estás contenta de vernos destruidos? ¡Soy tu madre, y ella es tu hermana!

Pero la reacción del público no fue la que Elena esperaba. No había compasión en las miradas de los empleados, solo curiosidad y una frialdad evidente.

Los altos ejecutivos, dándose cuenta de que era un asunto personal, se acercaron discretamente a Vania.

—Directora Zapata, ¿llamamos a seguridad?

Vania no le tenía el más mínimo miedo a Elena.

Más allá de la autoridad que ahora poseía, los fraudes de Cristina Figueroa con las acciones de la empresa habían dejado en la ruina a demasiadas personas.

Cristina se había fugado como una cobarde. El simple hecho de que no la hubieran traído a rastras para lincharla ya era un milagro.

Y Vania sabía perfectamente que varios de los presentes habían perdido dinero invirtiendo en Corporativo Alba por culpa de ella.

Así que, cuando Elena intentó usar el nombre de Cristina para ganarse al público, el tiro le salió por la culata. Nadie iba a defenderla.

De hecho, los ejecutivos retrocedieron, temiendo que Vania descubriera que habían invertido en la competencia.

—No es necesario, pueden retirarse —ordenó Vania con calma.

Alzó la vista, clavando sus ojos fríos en la mujer que gritaba frente a ella.

—Usted sabe perfectamente por qué su familia está en la ruina —respondió Vania con una apatía cortante—. Eso no tiene nada que ver conmigo.

—¿Que no fuiste tú?

Elena soltó una carcajada histérica, como si acabara de escuchar el chiste del año.

—¡Si no le hubieras robado todo a Cristina, si no hubieras movido tus hilos por la espalda, ella no estaría en esta situación! ¡No tienes corazón, Vania! ¿Ya se te olvidó quién te crio? ¿Se te olvidó de quién eres hija?

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