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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 71

Al salir de la casa de Pablo, comenzó a caer una ligera llovizna en Nueva Alborada.

La fina lluvia, arrastrada por un viento helado, golpeaba el rostro y calaba hasta los huesos.

Vania sentía que caminaba sobre algodón, flotando a la deriva, sin peso.

Pablo había sido evasivo respecto a lo ocurrido hace cinco años. No quiso darle detalles.

Era como si le tuviera terror a un fantasma del pasado.

Ella sabía que, por más que insistiera, no lograría sacarle una palabra más.

Había ido a buscar a su abuela, solo para enterarse de que supuestamente había fallecido hacía más de tres años.

Caminando sola por la avenida principal, Vania parecía un cadáver sin alma, avanzando por inercia.

A una distancia prudente, Miguel conducía el auto, llevando a Hugo detrás de ella.

La lluvia arreció, convirtiéndose en un diluvio que parecía querer ahogar la ciudad. Los limpiaparabrisas a máxima velocidad apenas lograban despejar la vista.

—Señor Yáñez, ¿debería decirle a la señora que suba al auto?

Iba a enfermarse si seguía empapándose de esa manera.

Hugo, sin prisa, hojeaba los documentos que tenía en la mano, tomando notas de vez en cuando.

Parecía estar de excelente humor. Su brazo, aún inmovilizado con un vendaje, le daba punzadas de dolor intermitentes, pero eso no disminuía la mirada cargada de burla con la que observaba a Vania a través del cristal.

¿Esa familia... y ella todavía quería regresar a ese nido de víboras?

Al no recibir respuesta de su jefe, Miguel no tuvo más remedio que seguir conduciendo a paso de tortuga detrás de ella.

Hugo la siguió durante un largo trecho.

Hasta que Miguel rompió el silencio.

—Señor Yáñez, ese auto que se acerca... parece ser el del joven Herrera.

Hugo por fin levantó la vista de sus documentos.

Frente a ellos, un auto deportivo se dirigía directamente hacia Vania.

Pablo vivía en las afueras de la ciudad. Qué coincidencia tan extraordinaria que Julián Herrera se topara con ella justo en ese lugar.

—Acelera. Córtale el paso.

—...

Miguel pisó el acelerador a fondo y frenó de golpe frente al auto de Julián, bloqueándolo por completo.

Vania estaba tan aturdida que ni siquiera notó la llegada de los dos vehículos ni a los dos hombres que exudaban hostilidad a sus espaldas.

La lluvia le nublaba la vista, pero su corazón parecía haber recibido un impacto mortal; un frío paralizante y un dolor insoportable la consumían.

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