Tras un largo silencio, Vania habló con un nudo en la garganta.
—Tuve un golpe en la cabeza... no recuerdo nada de lo que pasó en estos últimos cinco años.
—¡Ja! Qué conveniente. Primero nos arruinas y luego resulta que tienes amnesia. Vania, ¿no te queda ni un poco de vergüenza?
Vania apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas.
—Tío Pablo, ¿qué está pasando? ¿La abuela...?
Hizo un esfuerzo sobrehumano para que la voz no se le quebrara.
—¿De verdad... falleció?
Su amada abuela, la que siempre la había consentido... ¿había muerto?
Jimena volvió a arremeter contra ella a gritos.
—¡Deja de hacerte la víctima! La abuela se murió del disgusto por todo lo que hiciste. ¿Crees que con el cuento de la amnesia te vamos a perdonar? Hace poco tu querido esposito nos llamó amenazando con destruir lo poco que le queda a la familia. ¡Mi madre tiene razón! Señora Yáñez, por favor, apiádese de nosotros. Tu madrecita se volvió a casar y se robó casi toda la fortuna de los Zapata. Mi padre no se quedó con un solo centavo tuyo. Y por tu culpa, por ofender a la familia Yáñez, hace cinco años Hugo nos dejó en la ruina. ¡Si no fuera por los contactos que le quedaban a mi padre, ahora estaríamos pidiendo limosna en la calle! Y encima tenemos que seguir soportando las amenazas de ese hombre que ni siquiera te reconoce como su esposa en público. ¡Señora Yáñez, le suplico que nos deje en paz!
Rosa, abrazada a Jimena, lloraba en silencio, asintiendo a cada palabra de su hija.
Había soportado demasiadas humillaciones y penurias durante todos esos años.
Pero jamás imaginó que Vania tendría el descaro de presentarse en su puerta.
Cuando Pablo le pidió que cocinara para ella, le hirvió la sangre.
Lo único que deseaba era que Vania desapareciera de sus vidas para siempre.
No solo la familia Zapata había sido destruida; su propia familia materna también había pagado los platos rotos.
La empresa de su padre fue absorbida; ahora solo les quedaba una tiendita con la que a duras penas sobrevivían.
En sus años de gloria, su familia había sido respetada entre la Élite del Norte. Por culpa de Vania, estuvieron a punto de ser desterrados de la ciudad.
¿Cómo no iba a odiarla Rosa? ¿Cómo no iba a guardarle rencor Jimena a su propia prima?
Rosa siempre se había enorgullecido de su educación, de lo contrario, habría sacado a Vania a escobazos.


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