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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 73

Hugo permaneció encerrado en el baño durante hora y media.

Cuando finalmente salió, el vapor lo seguía como un manto. Llevaba el torso desnudo y una toalla envuelta despreocupadamente en la cintura. Su cabello aún goteaba.

Su pecho ancho y sus abdominales marcados emanaban calor; las líneas de su cuerpo bajaban en V, convirtiéndolo en la definición viva de pura testosterona.

Vania seguía profundamente dormida en la cama. Él se acercó y le tocó la frente con el dorso de la mano.

Menos mal. No tenía fiebre.

Hugo se secó el cuerpo lentamente mientras devoraba con la mirada a la mujer en la cama.

Ella dormía como un ángel, mientras él sufría los tormentos del infierno.

Bajo la sábana delgada, Vania, quizás en medio de un sueño, se movió ligeramente, dándose la vuelta.

La luz de la luna se filtraba por el enorme ventanal, bañando su cuerpo con un resplandor plateado que la hacía parecer un espíritu de los bosques.

Hugo se quedó rígido. Hasta respirar se volvió una tarea difícil.

Acababa de salir de darse un largo baño de agua fría, y con un simple movimiento de ella, su cuerpo volvía a traicionarlo con una reacción incontrolable.

Esta mujer había nacido únicamente para torturarlo.

Le dio un par de toques suaves en la mejilla, pero Vania ni se inmutó. No tenía la menor intención de despertar.

La mirada de Hugo se oscureció. Tomó un vaso de agua de la mesa de noche y se lo bebió de un solo trago. Las venas de sus brazos se marcaban tanto que parecían a punto de reventar bajo su piel. Con el agua fría, el fuego en sus venas pareció apaciguarse un poco.

Apartó la sábana, dudó unos segundos, pero terminó sacando una de sus camisetas blancas y se la puso a Vania con bastante dificultad.

De repente, Hugo sintió que la sangre le hervía y un calor abrumador lo inundó. Pasó el dorso de su mano por su boca, maldiciendo su propia falta de control.

—Eres una pequeña bruja...

Murmuró para sí mismo, resignado, antes de darse la media vuelta y meterse al baño de nuevo.

Cuando volvió a salir, apagó la luz de golpe.

Ignorando la fría luz de la luna que los iluminaba, se metió en la cama y la jaló bruscamente hacia su pecho.

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