Cristina finalmente levantó la vista de su revista.
Un instante después, arrojó la taza de café que tenía en la mano, estrellándola violentamente a los pies de Vania.
La miró con una expresión sombría y llena de odio.
—¿Me estás hablando a mí?
Vania se puso de pie y la miró desde arriba.
En su mirada no quedaba ni un rastro de sumisión, sino esa misma frialdad intocable que Cristina había visto la primera vez que la conoció, esa elegancia arraigada de una verdadera dama de la alta sociedad que nadie podía pisotear.
—¿A quién más?
Cristina se quedó aturdida por unos segundos, y luego lanzó la revista a un lado.
Una sonrisa burlona asomó en sus labios.
—¿Me estás pidiendo dinero a mí? Vania, ¿te volviste loca?
Vania la tomó de la muñeca. En el reflejo de sus pupilas, Cristina vio a la misma Vania de hacía tantos años.
Aquella que no le temía a nada, y cuya mirada incluso llevaba un toque de desprecio hacia ella.
Esa mirada hirió profundamente a Cristina.
Siempre había detestado la actitud arrogante de Vania, la odiaba con toda su alma.
—¿Vas a pagar o nos vamos a juicio?
El tono de Vania dejaba claro que no era una simple amenaza.
Cristina soltó una carcajada.
Se zafó de su agarre de un tirón, mirándola con el rostro lleno de un asco y un desdén infinitos.
—Ese dinero me lo diste por tu propia voluntad. Me rogaste que lo aceptara, ¿ya lo olvidaste? ¿De verdad crees que a mí me importan esos miserables cuatro mil millones, eh?
Cristina abrió los brazos, parada de espaldas al enorme ventanal de la oficina.
Con sus labios rojos y su mirada altiva, intentó usar su aura de ejecutiva élite para opacar la belleza natural de Vania.
—Toda la familia Yáñez me pertenece. ¿Crees que me importa el poco dinero que tienes? Si no hubiera sido porque me suplicaste de rodillas, ni siquiera habría aceptado mirarlo.
Cristina la observaba como si Vania fuera un payaso.
Cada una de sus palabras destilaba absoluto desprecio.
Como si haber aceptado el dinero hubiera sido un inmenso acto de caridad de su parte.
Vania tomó la taza de té que seguía en el escritorio y se la vació directamente en la cabeza a Cristina.
Cristina nunca se imaginó que Vania se atrevería a tanto.
El té hirviendo la quemó y la hizo chillar como desquiciada.
Su impecable traje de alta costura y su peinado de salón quedaron manchados y empapados por completo.
La mano de Cristina se detuvo en el aire, petrificada.
No sabía qué bicho le había picado a Vania, pero la última vez en la mansión, hasta Hugo había caído en sus trucos.
Pero...
Vania amaba a Hugo con locura.
¿Por qué estaba actuando de esta manera?
A menos que...
La mirada de Cristina se oscureció repentinamente.
Pero Vania no tenía intención de perder más tiempo con ella.
—Dame un plazo para el pago, o no me culpes cuando te arrastre por el suelo sin piedad.
Cristina apretó los puños y, fingiendo tranquilidad, se acomodó el cabello mojado.
Esbozó una sonrisa, aunque en el fondo la ansiedad la estaba consumiendo.
—¿Qué pasa con Hugo? ¿Ya no lo quieres? Si lo que buscas es que yo te lo ceda...
Vania la interrumpió con evidente fastidio.
—Hugo es mi esposo. Si te atreves a meterte con él, serás simplemente la amante. ¿Con qué cara me hablas de cedérmelo? ¿Acaso no sabes que él se mete en mi cama todos los días? Ya estoy harta de él, si lo quieres, llévatelo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama
Debería dejar algo para uno ver mas...
Buenas tardes soy de Venezuela me encanta INALCANZABLE MI ESPOSA YA NO ME AMA, LÁSTIMA QUE DAN MUY POCO CAPITULO DESBLOQUEADO NO DAN PARA UNO GANAR PUNTO O BONO, YA QUE AQUI NO SE PUEDE ACCEDER PARA VER O PAGAR LOS CAPITULO...
Muy buena novela por favor más capitulos desbloqueados.gracias...
Los capítulos no salen completos aunque uno desbloquee, estoy pagando por desbloquear pero hay partes q faltan...