Roxana Soler dirigió una mirada fría y distante hacia Dora Salas.
—Tranquilícense, no he venido a ajustar cuentas del pasado —dijo en un tono indiferente.
—¿Ajustar cuentas? —Wilfredo Solórzano, que aún ignoraba lo que Dora había hecho a espaldas suyas, la miró confundido.
Dora bajó la voz para advertirle.
—Probablemente se refiere al incidente en el hospital.
Wilfredo pareció entender de golpe.
Roxana notó por su reacción que las artimañas de Dora habían sido completamente a sus espaldas.
Sin intención de meterse en los secretos de aquel matrimonio, caminó hasta sentarse frente a ellos antes de continuar.
—Los hice venir esta noche porque tengo una propuesta de negocios para ustedes.
—Ahora eres aliada de nuestro hermano mayor, ¿qué clase de negocios podrías tener con nosotros? ¡Seguro estás intentando tendernos una trampa! —saltó Dora, siendo la primera en desconfiar.
Wilfredo guardó silencio, dándole la razón a su esposa. Roxana acababa de obtener tres mil millones de pesos de Nader; no tenía sentido que los buscara a ellos ahora.
Roxana no se sorprendió por las sospechas de la pareja. Su rostro no mostró culpa ni nerviosismo; se limitó a mirarlos con total serenidad.
—Atender a Nader fue un simple trato por dinero, no soy «su aliada». Los busqué porque ustedes estuvieron dispuestos a pagar un precio altísimo por mis medicinas. Vi su sinceridad y por eso les ofrezco este negocio. Pero ya que no les interesa, olviden el asunto. Tampoco es que los necesite desesperadamente.
Wilfredo y Dora palidecieron. Al cuestionarla, esperaban que Roxana intentara convencerlos y justificarse para ganar su confianza.
Jamás imaginaron que estaría dispuesta a descartarlos al instante para buscar a otro socio.
Además, Roxana fue mucho más rápida al marcharse que al llegar; en un par de zancadas ya estaba en la puerta.
—¡Espera! —exclamó Wilfredo.
Una levísima y casi imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Roxana, pero no se dio la vuelta.
—¿Se les ofrece algo más?
Wilfredo la observó detenidamente. Aunque la chica frente a él era sumamente joven, su forma de actuar era la de una veterana y tomaba decisiones con una rapidez asombrosa.
Esa actitud de marcharse sin mirar atrás no encajaba con alguien que se hubiera tomado la molestia de armar una trampa.

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