El rostro de Mateo se endureció y disparó de inmediato.
Valeriano también lo había visto. Apenas había desenvainado su propia arma cuando el atacante cayó en seco, con un orificio de bala perfecto entre ceja y ceja.
Miró hacia Mateo y le levantó el pulgar en señal de aprobación.
Mateo guardó su arma con total compostura, manteniendo su semblante imperturbable.
Roxana notó el alboroto a sus espaldas, se giró para ver al hombre abatido y luego miró a su hermano.
—Gracias, Mateo.
El mismo hombre de semblante inamovible sonrió cálidamente al escuchar a su hermana menor.
—No tienes por qué agradecer. Concéntrate en lo que tienes que hacer, yo te protegeré desde aquí.
Valeriano se quedó sin palabras.
«¿No se supone que mi cuñado aprobaba nuestra relación? ¿Por qué se roba mi trabajo?», pensó el joven heredero.
Por su parte, el fuerte golpe que Roxana le había dado a Patricio había hecho que sintiera como si su espalda estuviera destrozada en pedazos, sumiéndolo en un dolor agónico.
Esa agonía se extendió hasta su corazón, el cual, tras apenas haberse estabilizado, volvió a punzar violentamente.
Roxana supo que él no tendría fuerzas para contraatacar en el corto plazo. Inmediatamente fijó su atención en Clemente, que estaba a unos metros de distancia.
Él era su verdadero objetivo esa noche.
Clemente, rodeado por lo poco que quedaba de sus guardias, había retrocedido hasta los enormes ventanales.
Al ver caer a otro de sus hombres, la rabia lo consumió.
—¡Inútiles! ¡Ni siquiera pueden contra el Escuadrón Sombras!
Enfurecido, tomó una silla de madera y la estrelló contra el ventanal.
Para su sorpresa, el vidrio —que parecía frágil— quedó intacto, mientras que la silla se hizo trizas.
Varias astillas salieron volando, y una de ellas le hizo un corte profundo en la palma de la mano, haciéndolo sangrar.
—¡Sangre!
Al mirar la cantidad de líquido rojo que empezaba a acumularse en su mano, la cara de Clemente palideció dramáticamente.
El guardia más cercano notó la herida y sus ojos se abrieron de par en par.
—¡Director, retroceda!
Al decir eso, sacó un microexplosivo plástico y lo pegó directamente al cristal.
Roxana se percató del peligro y le gritó a su equipo:
—¡Cúbranse!
¡Valeriano llegó junto a ella en un abrir y cerrar de ojos, la tomó en brazos y se lanzó detrás del pilar más cercano!

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