En cuanto madre e hija se marcharon, el rostro de Marina se ensombreció por completo.
¡Ellos como padres no le exigían nada a su hija, ¿con qué derecho venía una sobrina a darle lecciones en su propia casa?!
—Roxana, mi amor, no le hagas caso a lo que dijeron. Tu padre y yo te apoyaremos incondicionalmente en todo lo que decidas. Si quieres ir a alguna universidad en Veridia, escoge la que más te guste, ¡y nosotros mismos te llevaremos el primer día de clases!
La última vez que Roxana entró a la universidad, nunca debieron permitir que su tercer hijo, Darío, la llevara.
Él era demasiado arrogante y no sabía cómo relacionarse con los demás jóvenes, lo que seguramente provocó que Roxana no pudiera hacer amigos en la Universidad del Sur.
¡Si ellos la acompañaban sería muy distinto! ¡Se encargarían de que conociera a personas maravillosas!
Rafael repasó mentalmente todas las universidades prestigiosas de Veridia y, tras evaluarlas, llegó a la conclusión de que la Universidad de Veridia seguía siendo la mejor opción. Por eso, le preguntó directamente a su hija.
—Roxana, ¿a ti te gustaría entrar a la Universidad de Veridia?
Roxana no le ocultó nada y le explicó sobre el proyecto de investigación de nuevos medicamentos que estaba desarrollando junto con Don Abelardo.
—Don Abelardo también me sugirió que fuera a la Universidad de Veridia, pero aún no lo he decidido.
Aunque tenía muchas identidades secretas, lo que más encendía su pasión era la medicina.
Podía ser un campo árido y complejo, pero era lo único capaz de brindarle esperanza a la gente.
Marina le habló con muchísima dulzura.
—No hay prisa, piénsalo con calma. Y si sientes que no hay ninguna opción en el país que te convenza, también puedes irte al extranjero. Mientras tú estés feliz y te guste el lugar, nosotros te apoyaremos al cien por ciento.
En el peor de los casos, ella misma se mudaría al extranjero con su hija. Después de todo lo que había pasado, no pensaba separarse de ella por nada del mundo.
Al escuchar cómo se desvivían por Roxana, Yara se sintió como una extraña olvidada, completamente fuera de lugar.
En silencio, se retiró hacia la cocina.
Agustina Méndez notó lo sucedido y la siguió.
Al ver a Yara con la mirada perdida frente a un plato de frutas, se acercó y le habló con tono maternal.
—Señorita Yara, no tiene por qué sentirse mal. Es cierto que Roxana es la hija biológica de Doña Marina y Don Rafael, pero los seres humanos somos criaturas emocionales. En el fondo, uno siempre siente más cariño por la persona con la que ha convivido toda la vida.
Yara la miró a los ojos, sintiendo que al fin alguien comprendía la angustia que llevaba ocultando tanto tiempo.
—Doña Agustina, ¿de verdad crees eso? ¿Tú crees que en el fondo mis padres me valoran más a mí?
—Por supuesto que sí. Aunque...
Agustina dejó la frase en el aire.

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