Dora Salas tenía un muy mal presentimiento, pero al ver a su esposo tan terco, no le quedó de otra que morderse la lengua y esperar.
***
—¡Patricio, esta vez no te lo voy a permitir! ¡Camina! Nos vamos de aquí ahora mismo. ¡No podemos quedarnos ni un segundo más!
Francisca Solís sostenía a su hermano Patricio mientras se escabullían por los pasillos, esquivando a los guardias. Llegaron a trompicones a la salida trasera y ella intentó empujarlo hacia el auto que ya los esperaba.
Sin embargo, Patricio se resistió. Y eso enfureció a su hermana.
—¡Francisca, Roxana me tendió una trampa y me hizo quedar como un traidor! ¡Si me voy corriendo ahora, Nader y Clemente jamás me dejarán en paz!
Patricio se aferró al marco de la puerta del auto con todas sus fuerzas, negándose a subir por más que Francisca lo jalara.
Roxana Soler aún no había sido eliminada, y el plan de ella era claro: desestabilizar la alianza entre él, Nader y Clemente, para luego destruirlos uno por uno.
¡No iba a permitir que ella se saliera con la suya!
Si iba a huir, ¡primero tenía que encontrar la forma de regresarle ese balde de agua sucia a Roxana!
Pero a Francisca ya no le importaban sus excusas.
—¡Cállate! ¡Si te dejé hacer lo que quisieras fue porque siempre te he consentido de más! ¡Por mi culpa tuviste la oportunidad de lastimar a Roxana! ¡Que ella te haya destruido hoy es lo que te mereces! Te advertí mil veces que no te metieras en donde no debías, ¡y mírame ahora! ¡Mírate a ti! ¡Míranos en qué situación estamos!
Mientras le gritaba, seguía intentando meterlo al asiento trasero a la fuerza.
En medio de ese forcejeo, el rugido ensordecedor de un helicóptero resonó justo encima de ellos.
Patricio alzó la vista de inmediato, pero las luces de aterrizaje lo cegaron.
¿A quién venían a buscar?
¿A Clemente?
¿O a Nader?
—¡Deja de mirar y súbete de una buena vez! Si Roxana se da cuenta, ninguno de nosotros saldrá vivo de aquí —le advirtió Francisca. Sintiendo una angustia asfixiante, tiró de él con más fuerza. Al ver que seguía aferrado al auto, le gritó al conductor—: ¡¿Qué estás mirando?! ¡Ayúdame a meterlo!
Francisca conocía a Roxana desde hacía muchos años. Sabía perfectamente que, una vez que Roxana empezaba a actuar, jamás se detenía hasta cumplir su objetivo.
Y no había olvidado la fría intención asesina que había visto en los ojos de Roxana hacía un rato.
¡Si Patricio se quedaba, Roxana lo iba a matar!
—¡Atrévete a tocarme y te mueres! —le gritó Patricio al conductor.
Aunque estaba débil y herido, la presencia de Patricio seguía siendo intimidante. El conductor, que apenas iba a ayudar a Francisca, retrocedió aterrorizado.
—Hermana, te lo diré una última vez. Suéltame —dijo Patricio, con una voz extrañamente tranquila, pero cargada de amenaza.

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