No era el único con esa interrogante; Rafael y Marina compartían la misma confusión.
—Es cierto, hija. Se supone que el Príncipe Zachary te debe la vida, y además eres la prestigiosa Doctora Serena. ¿Por qué otros miembros de la familia real querrían destruirte desde las sombras?
—Tu madre tiene razón. No solo están conspirando contra ti, sino que incitan a otras familias a hacerte la vida imposible. Es completamente ilógico.
Roxana había pensado revelarles toda la información una vez que lograra esclarecer la verdad sobre el incendio en Olmos, pero no contaba con que ataran cabos tan rápido.
Al ver su silencio, la angustia de Marina se disparó.
—¿Qué sucede, mi niña? ¿Hay algo más turbio detrás de todo esto que no nos estás contando?
Mateo también percibió que el silencio de su hermana ocultaba algo oscuro. Recordó a Patricio, un tipo que parecía ser un vago sin futuro pero que resultó ser un líder criminal; luego pensó en la misteriosa aparición y desaparición de Agustina Méndez en la residencia de los Montes...
Sintió que todos esos eventos aislados eran los tentáculos de un monstruo gigante que poco a poco se retraían, dejando expuesto el verdadero cuerpo de la bestia.
—Roxana, primero estuviste tras los pasos de Patricio, luego investigaste a Clemente Carrillo y al Hospital Edson. ¿Qué estás buscando en realidad? ¿La organización que los respaldaba a todos tiene relación con el Conde Aris de esta noche?
—¿Qué? —Bernardo, que estaba recostado en el sofá, se enderezó de golpe al escuchar la deducción y clavó una mirada profunda en su sobrina—. Roxana, ¿las suposiciones de tu hermano son ciertas?
Al ver que habían llegado a la raíz del problema, Roxana no tuvo más remedio que asentir.
—Sí. El cerebro detrás de todas esas tragedias es el Conde Aris, que acabamos de identificar. Sin embargo, para confirmar al cien por ciento que fue él, todavía necesito algo de tiempo.
—¿El Conde Aris? —Marina estaba incrédula—. Su estatus y poder en el País M son inmensos, ¿qué motivos tendría para intentar destruir a nuestra familia?
—Aún no lo sabemos con certeza, por eso debemos continuar con la investigación.
Las palabras de Roxana cayeron como un yunque sobre los ánimos de todos los presentes.
Poco después, la voz serena de Mateo rompió el tenso silencio.
—Aunque todavía ignoramos sus motivos, al menos ya tenemos un rostro y un nombre. A partir de ahora, sabremos cómo prepararnos.
Sin mejores alternativas a la vista, Bernardo y Rafael asintieron, mostrándose de acuerdo.
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