—¡Guardias, arréstenla de inmediato!
A su orden, los escoltas que aguardaban en las sombras se abalanzaron sobre Roxana, listos para someterla.
Roxana dio medio paso hacia atrás, poniéndose en posición de defensa, lista para contratacar.
—¡Princesa Romy, por favor!
Aunque Wendy todavía tenía la mejilla roja por la bofetada, reunió el valor necesario para intervenir.
—La Doctora Serena es la invitada de honor del Príncipe Zachary. Si la arresta aquí mismo, ¿cómo le dará la cara al Príncipe después?
—¡Wendy, parece que te cansaste de vivir! —rugió Romy, perdiendo los estribos por completo, y le arrojó la fina copa de cristal que llevaba en la mano directo a la cara.
Wendy ahogó un grito, pero no tuvo tiempo de esquivarla.
El cristal de la copa era finísimo; si se rompía al impactar contra su delicado rostro, ¡seguramente la desfiguraría!
En ese preciso instante, los guardias que rodeaban a Roxana cayeron al suelo uno tras otro, neutralizados en un abrir y cerrar de ojos.
Al segundo siguiente, Roxana dio un salto ágil, interceptó la copa en el aire con una patada limpia y la envió de vuelta.
Romy vio cómo la copa volaba directo hacia ella. Aterrada, retrocedió tropezando mientras chillaba:
—¡Ayúdenme! ¡Sálvenme!
Los guardias apenas hicieron el amago de moverse cuando Romy soltó un grito desgarrador y cayó de espaldas.
Inmediatamente después, se escuchó el sonido de cristales rotos.
Romy sintió un ardor agudo en la frente. Se llevó la mano al rostro y, al ver la sangre manchando sus pálidos dedos, su rostro perdió todo el color.
—¡Mi frente... estoy sangrando!
—¡Princesa! —Los escoltas se abalanzaron hacia ella, encontrándola en el suelo, aferrándose la frente, con los ojos desorbitados por el pánico.
—No se preocupe, Alteza, haremos que la Doctora Serena detenga la hemorragia de inmediato.
—¡Serena, ven aquí y véndale la herida a la princesa ahora mismo! Si le queda una sola cicatriz, ¡tu vida no será suficiente para pagar por esto!
Roxana, que acababa de ayudar a Wendy a ponerse de pie, escuchó la amenaza del escolta. Un destello de furia helada cruzó por sus ojos.

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