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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 152

—Como los estudiantes más sobresalientes de la mejor facultad de la Universidad del Sur, ¿les aterra tanto un simple examen? —Roxana soltó una risa seca—. ¿Y encima culpan a otros por esforzarse más que ustedes? ¿No les parece patético? Con esa actitud, ¿qué derecho tienen de seguir en la Clase 1?

La furia estalló en el aula.

—¡¿Qué dijiste?! ¡¿Quién es patético?!

—Si nosotros no merecemos estar en la Clase 1, ¿quién sí? ¿Tú? ¿O la chusma de allá afuera?

—¡Ubícate! Si no fuera por la Reina Yara, ni siquiera sabrías dónde queda la puerta de esta universidad. Nosotros llegamos aquí con nuestro propio esfuerzo. ¿Qué derecho tiene una acomodada como tú de criticarnos?

—¡Exacto! ¡Mírate al espejo antes de hablar!

Al ver que Roxana se había echado a todos encima, Yara sonrió para sus adentros con satisfacción.

«Con tan poco talento, ¿quiere competir conmigo? ¡Qué ilusa!»

—Por favor, chicos, no se enojen. Roxana no quiso decir eso —intervino Yara en el momento perfecto—. Solo está desesperada por ser aceptada, por eso habla así. No se lo tomen a mal.

Al ver cómo Yara seguía defendiéndola, varios sintieron lástima por ella.

—Reina Yara, deja de defenderla. Ya sabemos qué clase de persona es.

—Sí, por más que la trates bien, ella nunca te lo agradecerá.

—¡No te preocupes! El examen ya va a empezar, ¡veremos cuánto le dura la farsa!

—Exacto. Puede tener la lengua muy larga, pero con la cabeza hueca, igual terminará patitas en la calle.

Yara bajó la mirada, fingiendo tristeza por la inminente expulsión de Roxana, aunque por dentro saltaba de alegría.

—¡Roxana! —bramó Brenda, muerta de dolor y furia. Estaba a punto de abalanzarse sobre ella de nuevo.

Roxana no se movió, solo le lanzó una advertencia en voz baja:

—Piénsalo bien. Si lo intentas de nuevo, no será solo un empujoncito.

Brenda recordó de golpe cómo Roxana había dejado irreconocible a un chico en la cafetería. Se congeló en el acto.

—¿Qué está pasando aquí? El examen está por comenzar. ¿Por qué no están en sus asientos y qué hacen amontonadas en el lugar de la señorita Roxana? —preguntó el Director de Disciplina, entrando con un sobre manila sellado bajo el brazo. Al notar la tensión, alzó la voz.

—Director, ¿usted va a supervisar este examen? —preguntó Brenda, olvidándose del dolor por la sorpresa.

Por lo general, era la profesora Lidia o algún otro maestro. ¿Por qué el Director en persona?

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