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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 179

Al segundo siguiente, Don Abelardo salió de detrás de la mesa y señaló a Marco con el dedo tembloroso por la rabia, como si estuviera a punto de darle una bofetada.

—¡Tienes agallas para robar la composición original de mi Pequeña y hacerla pasar como tuya! ¡Qué descaro!

—¡¿Qué?!

Todos en la sala quedaron en completo estado de shock.

El primer piso también se convirtió en un manicomio de voces.

—¿Escuché bien? ¿Qué dijo el rector? ¿Que lo escribió su Pequeña?

—Que yo sepa, el rector solo tiene hijos y nietos varones. ¿De dónde sacó a una niña?

—«Mi Pequeña»... Suena súper cariñoso. ¿Quién será la suertuda que se ganó ese trato del rector?

Caleb fue el único que no pudo quedarse sentado y se levantó de un salto.

Nadie más sabía quién era esa «Pequeña», pero él sí lo sabía.

¡Esa muchacha no solo había arrasado con un montón de premios musicales internacionales siendo tan joven, sino que fue la primera en dar un concierto en el majestuoso Gran Salón de Platino!

¡Era una genio en toda la extensión de la palabra!

Lamentablemente, su tío abuelo la tenía tan oculta que, hasta el día de hoy, Caleb no había tenido el placer de conocerla.

Cuando Yara escuchó la frase «mi Pequeña», sintió que se le cortaba la respiración.

Inconscientemente, su mirada voló hacia Roxana.

Hasta ahora, Roxana era la única persona que había logrado que el rector la tratara con amabilidad desde el primer día.

Pero al razonarlo, lo descartó por completo.

Roxana no era más que la hija adoptiva de una familia insignificante de Puerto Esperanza. A duras penas había terminado un título técnico. Con ese nivel y esa educación, era absurdo pensar que pudiera tener contacto con una figura de alcance nacional como Don Abelardo.

—¡Tú no eres nadie para llamarla «Pequeña»!

—Señor rector, por favor, cálmese —intervino el director, aterrado de que Don Abelardo perdiera el control y terminara golpeando al alumno frente a todos. Intentó detenerlo, pero el rector lo apartó de un empujón.

—¡Mi Pequeña ganó tres premios musicales de talla mundial antes de ser mayor de edad! ¡Incluso dio un concierto en el Gran Salón de Platino!

»¡Es un talento extraordinario que nace una vez cada cien años! Esta melodía la compuso de manera improvisada cuando la invitaron a ser juez en el Certamen Internacional Bach... ¡Y yo estaba ahí viéndola!

¡Ese mocoso insolente de la familia Sarmiento tenía el descaro de hacer sus trucos sucios delante de sus propias narices! ¡Estaba jugando con fuego!

Con razón su Pequeña le había mandado ese mensaje; se había dado cuenta desde el principio.

Don Abelardo se sintió un poco culpable; él había estado ahí el día de la creación de la melodía, pero no logró reconocerla de inmediato hasta que Silvano la tocó en el examen.

Las palabras de Don Abelardo cayeron como una bomba atómica en la mente de todos.

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