No solo Yara estaba en shock; el resto de los invitados tampoco daba crédito a lo que veían.
Sin embargo, al no conocer los lazos de sangre que unían a las familias, simplemente asumieron que los Sandoval habían intervenido para quedar bien con el joven Darío y no armar un escándalo en una noche tan importante.
Después de todo, si sus oídos no les fallaban, esa chica no era más que una simple sirvienta de los Soler.
—Ven, acompáñame a partir el pastel —le dijo la Matriarca Beatriz a Roxana, sonriéndole con una ternura infinita.
Tenerla tan cerca solo aumentaba su cariño hacia ella.
Yara, relegada a un segundo plano, se mordió el interior de la mejilla, sintiendo el sabor metálico de la humillación.
No soportaba que una don nadie sin título oficial le robara los reflectores. Tragándose el veneno y la envidia, fingió una sonrisa deslumbrante y se unió a Verónica, la madre de Valeriano, conversando como si nada hubiera pasado.
Por su parte, Alcira vio alejarse a Roxana del brazo de la Matriarca y sus ojos se inyectaron de sangre.
—Papá, mamá, esa muerta de hambre se la pasa vagando en los barrios bajos, no tiene ni una pizca de clase. ¿Por qué Doña Beatriz la trata con tanto cariño?
Elena también estaba muerta de sospecha.
—Tienes toda la razón. Esa mocosa no sabe comportarse ni tiene talento para nada. ¿Por qué demonios las familias Sandoval y Soler la tratan como si fuera de la realeza? ¿Acaso... acaso ella salvó la vida de la anciana por casualidad y nos lo ocultó a propósito?
Para Ricardo, tenía sentido que los Sandoval fueran amables por cortesía hacia Darío Soler, pero eso no explicaba el afecto genuino y desbordante de la Matriarca.
Ese nivel de intimidad no se fingía por simple protocolo.
Por eso, la teoría de su esposa le pareció la más lógica.
—Es lo más probable. Escúchenme bien: a partir de ahora, cuando se la crucen, midan sus palabras y trátenla con respeto.
Miró a su familia con seriedad y continuó:
—Nuestra empresa está al borde del abismo. Si no conseguimos el apoyo de los Sandoval o los Soler, estamos acabados.
Suspiró pesadamente.
—Al menos con los Sandoval todavía nos queda el comodín de la deuda de vida por haber salvado al joven Valeriano, pero con los Soler no tenemos nada...
Se acercó a ellas para que nadie más escuchara.
—Los Soler son la familia más poderosa del país. Si logramos que Roxana nos acerque a ellos, los Maldonado podrían escalar a la cima de Puerto Esperanza. ¡Así que más les vale abrir bien los ojos y no arruinarme el futuro por un berrinche!
Solo de pensarlo, le rechinaban los dientes.
¡Roxana no era más que una basura callejera! ¡No tenía derecho a respirar el mismo aire que ella!
«¡No... jamás permitiré que esa infeliz me pise los talones!»
***
Lejos de los oscuros pensamientos de la familia Maldonado, la Matriarca Beatriz y la Matriarca Mercedes eran amigas íntimas desde la infancia.
En su juventud, soñaban con unir a sus familias casando a sus hijos, Rafael Soler y Fernando Sandoval. Pero el destino quiso que ambas dieran a luz a varones, posponiendo la promesa para la siguiente generación.
Cuando por fin nació una niña en la familia Soler, ambas familias brindaron emocionadas. Sin embargo, poco después, la bebé fue secuestrada y desapareció.
Destrozada por la tragedia, la Matriarca Mercedes se exilió en el extranjero para no seguir sufriendo en una ciudad llena de fantasmas.
Ahora, teniendo por fin frente a ella a la pequeña que tanto buscaron, el corazón de la Matriarca Beatriz se encogió de pura emoción.
—Ay, mi niña... Se ve que el destino te hizo pasar por tormentas muy crueles, pero tus ojos me dicen que naciste para brillar. No dejes que la basura del pasado te atormente. Te juro que tus días de gloria recién están comenzando.

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